La semana pasada ESE yo tuvimos la primera reunión de la Guarde de la enana.
Qué extraño es todo esto..., joder.
Nos citaron en un colegio público cercano. Me imagino que por aquello de estar un poco más cómodos en sillas y no sillitas o, en su defecto, el suelo.
Al entrar, inconscientemente, ESE y yo nos sentamos en las filas del final de la clase.
La clase de sexto B, para ser más exactos. Lo sé porque ESE se ha puesto a pipear los libros que tenía Víctor F. debajo de lo que, imagino, sería su mesa.
En todas las clases está el gracioso, la lista, el feo, el tonto y la rara. Es un hecho.
En mi clase El Gracioso es un argentino. El típico que suelta un comentario con el que, casualmente, todo el mundo se ríe y entonces se flipa creyéndose la hostia de guay y ya no para de hacer una gracia tras otra.
Cuando alguien dice que en Navidad algún papá se podría disfrazar de papanoel todos le miran, incluidos ESE y yo. Luego ESE y yo nos miramos respectivamente y nos decimos como con la mente eso de: Recuérdame este momento para comentarlo luego, por favor.
La Lista es una garrula con el pelo de color rojo pasado de moda que va de madre moderna bla bla BLA.
ESE y yo la llamamos desde el Día D (Día De la reunión) La Belén Esteban.
Me cae como el culo la gente que va de chunga por la vida. La gente chunga no va de chunga, simplemente lo es.
A La Belén Esteban esta me la como yo con papas.
De hecho me la como en la reunión la única vez en la hora y media que decido intervenir.
Cuando iba al cole me daba vergüenza hablar en clase mientras todos me escuchaban. No sólo cuando el profe de turno me preguntaba la lección y no tenía ni puta idea porque yo no era de ésas. Si no me sabía la pregunta no hacía como que de un momento a otro una luz divina me señalaría la respuesta correcta o algo así. Acababa la agonía con un sincero No tengo ni idea y ya está.
La enana lleva dos meses en la Guarde y ha faltado cuatro. Cuando no eran los mocos era la (puta) tos y cuando no la fiebre.
Dice La Belén Esteban que la bronquitis no es contagiosa y que por eso ella, que es más chula que nadie y de todo sabe, ha llevado a María a la guardería. Toma ya.
Discute con las cuatro profes que están de pie justo delante de una pizarra mal borrada sobre si la bronquitis se contagia o no. Todo lo que acabe en Itis es contagioso, suelta una de las profes como para dar por terminada la discusión.
Noto cómo todas las caras se giran cuando me pongo a hablar. Pero ya no estoy en sexto ni me van a puntuar cuando termine. Por eso me doy el lujo de meter en mi inesperado discurso algún sarcasmo que sólo algunos comprenden antes de contar hasta tres.
La Rara es la tía que está sentada justo a mi izquierda.
Es tan rara que no puedo concentrarme en lo que está diciendo porque no puedo dejar de mirarle mientras habla. En las gafas que lleva, en la goma del pelo, en las uñas de las manos, en los gestos que hace y en el boli que lleva entre los dedos.
No creo que pudiera llegar a intercambiar más de un par de frases con esta tía. Sin reírme antes, digo
En mi clase La Rara se llamaba Silvia Sánchez.
Era bajita y rechoncha. Como un balón de fútbol.
Todos nos metíamos con ella porque nos hacía gracia que fuera tan bajita y tuviera ese carácter. Era como esos perros pekineses que son un moco pero se pasan el día ladrando. Como si creyeran que son un Pastor alemán o esos perros tan caros de ahora que se han puesto de moda.
Silvia Sánchez ladraba cada vez que alguien le daba una colleja. Y supongo que eso era lo que al resto nos gustaba, deduzco, que no se callara.
A veces, muchas, pienso en ella. En si, por nuestra culpa, le habrá quedado alguna especie de trauma de esos de la infancia.
El Tonto es su marido/novio/pareja y está sentado justo detrás de ella. Me imagino que en su vida diaria el orden de los productos es el mismo. Él siempre detrás.
Y debajo.
También es El Feo.
Hay gente que no tiene suerte en la vida. Es un hecho.
Que el argentino gracioso va a ejercer de papanoel en navidad y que La Belén Esteban va a intentar ser mi amiguita a partir de ahora también es un hecho.
Tiempo al tiempo que es gerundio.
Tantos gilipollas y tan pocas balas
domingo, octubre 31
martes, octubre 12
30. ¿Qué ves?
Mi ex, El Poli, va a ser papá. En abril del dosmilonce si todo va bien. Está(n) muy contento(s). Se ve que llevaba(n) desde mayo del dosmilocho intentándolo. La enfermera que le hizo la primera ecografía a la que será (en abril) la madre de su hijo le(s) dijo que no estaba segura pero creía ver una cosita colgando. Un niño, vamos.
Antes, hace años, cuando dejaba a alguien me imaginaba que desaparecían, sin más. Como si de un día para otro dejaran de existir. Decidías un buen día que no querías que formara parte de tu vida, buscabas los cojones para hacérselo saber y pasabas, literalmente, la página que mandaba a tomar por culo dicho capítulo. Se acabó. Ya está. Como si nunca hubiera existido para ti. Así de fácil.
Mi ex, El Poli, va a ser papá. Lo pone en su feisbúc. Feisbúc al que, por cierto, puede acceder todo el mundo. Forme parte o no de sus casi doscientos amigos.
A mí me la trae al pairo que vaya a ser padre o que haga paracaidismo el primer miércoles de cada mes. Me da exactamente igual si se rompe un pie o se transforma en mujer mañana.
Lo que me jode es tener la extraña sensación de que la página se ha quedado ahí, estancada.
Una persona normal escogería la solución sencilla y coherente de no entrar más en su página personal feisbucal. Muerto el perro se acabó la rabia, que dicen.
A estas alturas de la peli no creo que sea necesario terminar la entrada.
Antes, hace años, cuando dejaba a alguien me imaginaba que desaparecían, sin más. Como si de un día para otro dejaran de existir. Decidías un buen día que no querías que formara parte de tu vida, buscabas los cojones para hacérselo saber y pasabas, literalmente, la página que mandaba a tomar por culo dicho capítulo. Se acabó. Ya está. Como si nunca hubiera existido para ti. Así de fácil.
Mi ex, El Poli, va a ser papá. Lo pone en su feisbúc. Feisbúc al que, por cierto, puede acceder todo el mundo. Forme parte o no de sus casi doscientos amigos.
A mí me la trae al pairo que vaya a ser padre o que haga paracaidismo el primer miércoles de cada mes. Me da exactamente igual si se rompe un pie o se transforma en mujer mañana.
Lo que me jode es tener la extraña sensación de que la página se ha quedado ahí, estancada.
Una persona normal escogería la solución sencilla y coherente de no entrar más en su página personal feisbucal. Muerto el perro se acabó la rabia, que dicen.
A estas alturas de la peli no creo que sea necesario terminar la entrada.
lunes, septiembre 20
29. Veo veo
Ayer casi me quedo ciega.
Ciega literalmente, quiero decir, no ciega de Vaya taja llevas.
La puta botella de agua oxigenada me explotó (literalmente otra vez) en la cara. Exactamente en el ojo derecho y alrededores.
Casi me quedo ciega y nadie se percató en ningún momento de ello. Fui al lavabo, me lavé mucho la cara, abría mucho los ojos (sobre todo el derecho) mientras lo hacía y me sequé con la toalla.
Al terminar, salí del lavabo, acabé de preparar el tinte y me dispuse a colocárselo en la cabeza a la señorita que leía, absorta, que Penélope Cruz estaba embarazada.
Intentaba no levantar mucho la vista y que mi mirada apenas se cruzara directamente con la suya en el espejo para que no me preguntara por qué mi ojo derecho parecía, de repente, salido de un combate de boxeo donde, evidentemente, él no había sido el ganador.
Soy así de extraña. No sé.
Eso es lo más excitante que me ha pasado esta semana. Eso y que El Chino me contestó al mensaje que le envié mediante ese feisbúc que nunca utilizo y, además, solicitaba mi amistad.
Si las definiciones del diccionario vinieran ilustradas con imágenes en el mío particular vendría la foto (y en grande) de El Chino al lado del significado aquel de Primer Amor bla bla BLA.
De este sí que estaba yo ciega a los catorce (quince, dieciséis...) años.
He tardado exactamente siete días en volver a responderle y he ignorado su solicitud de amistad.
Luego me he lavado mucho la cara. Otra vez.
Ciega literalmente, quiero decir, no ciega de Vaya taja llevas.
La puta botella de agua oxigenada me explotó (literalmente otra vez) en la cara. Exactamente en el ojo derecho y alrededores.
Casi me quedo ciega y nadie se percató en ningún momento de ello. Fui al lavabo, me lavé mucho la cara, abría mucho los ojos (sobre todo el derecho) mientras lo hacía y me sequé con la toalla.
Al terminar, salí del lavabo, acabé de preparar el tinte y me dispuse a colocárselo en la cabeza a la señorita que leía, absorta, que Penélope Cruz estaba embarazada.
Intentaba no levantar mucho la vista y que mi mirada apenas se cruzara directamente con la suya en el espejo para que no me preguntara por qué mi ojo derecho parecía, de repente, salido de un combate de boxeo donde, evidentemente, él no había sido el ganador.
Soy así de extraña. No sé.
Eso es lo más excitante que me ha pasado esta semana. Eso y que El Chino me contestó al mensaje que le envié mediante ese feisbúc que nunca utilizo y, además, solicitaba mi amistad.
Si las definiciones del diccionario vinieran ilustradas con imágenes en el mío particular vendría la foto (y en grande) de El Chino al lado del significado aquel de Primer Amor bla bla BLA.
De este sí que estaba yo ciega a los catorce (quince, dieciséis...) años.
He tardado exactamente siete días en volver a responderle y he ignorado su solicitud de amistad.
Luego me he lavado mucho la cara. Otra vez.
miércoles, septiembre 1
28. Bienvenida al mundo real
Hoy ha sido el primer día de guardería (La Guarde a partir de ahora) de la enana.
El punto a favor es que no he ido sola (de soledad) a (abandonarla) llevarla.
El punto en contra es que mi acompañante era mi mare con lo cual lo que hubiera podido quedarse en Drama se ha convertido en Tragedia.
Posiblemente, ahora así, rápido, haciendo memoria, hoy haya sido el día más triste de toda mi puta vida.
El punto a favor es que no he ido sola (de soledad) a (abandonarla) llevarla.
El punto en contra es que mi acompañante era mi mare con lo cual lo que hubiera podido quedarse en Drama se ha convertido en Tragedia.
Posiblemente, ahora así, rápido, haciendo memoria, hoy haya sido el día más triste de toda mi puta vida.
martes, agosto 24
27. Me la suda
Es mentira. Como casi todo en esta vida.
Supongo que es un sistema de auto protección que tenemos o alguna memez de ese tipo, cuanto más inseguros somos más nos esforzamos por parecer mega chungos.
Nos protegemos.
Intentamos hacer creer que nos da igual y que no nos importa un carajo y medio lo que piensen de nosotros porque vamos de Distintos al Resto.
Me imagino que esto otro también debe ser una especie de sistema de auto protección o algo. Resulta desolador tener que admitir que eres exactamente igual de gilipollas que tu vecino del tercero. Al que apodas, por cierto, El raro de abajo.
Como las caricaturas. Hay que tener dos cojones para hacerte una. Es como si le pagaras al bohemio del lápiz por sacar lo peor de ti. No sólo sacarlo sino, encima, exagerarlo. Se ríe en tu cara y encima te lo firma para que no se te olvide su nombre en la puta vida.
Tiene guasa.
Cada uno de nosotros, deduzco, podría dibujar a oscuras todos y cada uno de sus defectos de un modo brillante. Nadie mejor que uno sabe de sí mismo, dicen.
Lo jodido es cuando te da por pensar que quizá los demás también podría hacerlo de puta madre.
No me la suda.
Es mentira. Como casi todo en esta vida.
Supongo que es un sistema de auto protección que tenemos o alguna memez de ese tipo, cuanto más inseguros somos más nos esforzamos por parecer mega chungos.
Nos protegemos.
Intentamos hacer creer que nos da igual y que no nos importa un carajo y medio lo que piensen de nosotros porque vamos de Distintos al Resto.
Me imagino que esto otro también debe ser una especie de sistema de auto protección o algo. Resulta desolador tener que admitir que eres exactamente igual de gilipollas que tu vecino del tercero. Al que apodas, por cierto, El raro de abajo.
Como las caricaturas. Hay que tener dos cojones para hacerte una. Es como si le pagaras al bohemio del lápiz por sacar lo peor de ti. No sólo sacarlo sino, encima, exagerarlo. Se ríe en tu cara y encima te lo firma para que no se te olvide su nombre en la puta vida.
Tiene guasa.
Cada uno de nosotros, deduzco, podría dibujar a oscuras todos y cada uno de sus defectos de un modo brillante. Nadie mejor que uno sabe de sí mismo, dicen.
Lo jodido es cuando te da por pensar que quizá los demás también podría hacerlo de puta madre.
No me la suda.
Es mentira. Como casi todo en esta vida.
jueves, agosto 12
26. Auto control
De un tiempo a esta parte pienso cosas extrañas.
Nunca he sido muy normal, supongo.
Hoy le han tirado arena en la cabeza a la enana en la playa.
La (zorra) autora de semejante hecho no debía superar los dos años.
Me he imaginado aplastándole la cabeza a esa niña. Aplastándosela literalmente quiero decir. Mientras llevaba a mi hija a bañar (POR COJONES) para limpiarle la arena de la cara. Lo he imaginado justo en ese momento. Mientras las olas del puto Salou rompían en mis rodillas.
El punto a mi favor es que sé que aplastarle la cabeza a una cría de dos años no está bien (lejos, cerca).
O eso me dijo un colega hace tiempo, que nunca tiraría a nadie a las vías del tren porque era consciente de que no era normal hacerlo. Por mucho que me imaginara (véase Cosas extrañas) tal escena cientos de veces.
El punto en contra es que normalmente la gente no va por ahí imaginándose matando a la peña por la calle como si de un juego de esos molones se tratara.
O eso dicen.
Al final no lo he hecho. Aplastarle la cabeza, digo.
El punto a favor es que, de momento, estoy consiguiendo auto controlarme.
El punto en contra es que estaban sus padres delante.
Nunca he sido muy normal, supongo.
Hoy le han tirado arena en la cabeza a la enana en la playa.
La (zorra) autora de semejante hecho no debía superar los dos años.
Me he imaginado aplastándole la cabeza a esa niña. Aplastándosela literalmente quiero decir. Mientras llevaba a mi hija a bañar (POR COJONES) para limpiarle la arena de la cara. Lo he imaginado justo en ese momento. Mientras las olas del puto Salou rompían en mis rodillas.
El punto a mi favor es que sé que aplastarle la cabeza a una cría de dos años no está bien (lejos, cerca).
O eso me dijo un colega hace tiempo, que nunca tiraría a nadie a las vías del tren porque era consciente de que no era normal hacerlo. Por mucho que me imaginara (véase Cosas extrañas) tal escena cientos de veces.
El punto en contra es que normalmente la gente no va por ahí imaginándose matando a la peña por la calle como si de un juego de esos molones se tratara.
O eso dicen.
Al final no lo he hecho. Aplastarle la cabeza, digo.
El punto a favor es que, de momento, estoy consiguiendo auto controlarme.
El punto en contra es que estaban sus padres delante.
martes, junio 1
25. Das asco

Me explica que le operaron en el dos mil tres porque sudaba un huevo. Que la culpa la tienen los nervios simpáticos que curran demasiado o no sé qué coño me está contando porque ya hace unos cinco segundos que he desconectado.
Me he ido.
Bueno yo no, yo sigo ahí, de pie, aguantando con dos cojones. Como buena (comercial) peluquera. Se ha ido mi mente.
Ahora mi única prioridad es conseguir que mi mirada no se desvíe hacia sus axilas. No puedo concentrarme y escucharle a la vez. A pesar de ser mujer.
Hay poca gente que me dé asco en esta vida. Se puede decir que he tenido suerte hasta ahora, sí.
Pero éste es uno de ellos.
No tiene nada que ver con el detalle insignificante de que sude en exceso.
Ya me daba asco de antes.
Me ha traído bocetos. Dibujos, vamos. Se ve que la última vez que estuvo cortándose el pelo, en diciembre me dice, le dije que la próxima vez me trajera trabajos suyos para verlos.
Soy peluquera con lo cual padezco esa extraña manía de intentar quedar bien con todo el mundo a pesar de que todo el mundo me la traiga al pairo y me importen menos diez.
La culpa de todo la tiene mi Conciencia que es una amargada de la vida y me está amargando la mía.
El tío dibuja de puta madre. Tampoco tiene mucho mérito eso viniendo de mí teniendo en cuenta que sigo, con treinta y dos años, dibujando las manos de los muñecos como si tuvieran guantes.
Todas las tías de sus bocetos están desnudas y tienen unas tetas tremendas.
Obviamos ese hecho o por lo menos optamos los dos por no decir nada al respecto. En voz alta, digo. Cosa que agradezco, sinceramente.
Me pregunto si no estoy con un posible psicópata y esté cayendo en el grave error de tratarlo sólo como gilipollas.
Me lo pregunto cuando me dice la fecha exacta de mi cumpleaños.
Habré hablado con este tío unas siete veces en toda mi vida y cada seis meses una de la otra pero sabe qué día nací. Y lo que me me da mal rollo no es que sepa qué día cumplo los años sino que se haya preocupado en averiguarlo/memorizarlo/recordarlo.
¿Dónde terminará el límite de la atracción y empezará el de la obsesión? ¿cuánto de delgada será la línea que las separa?
Curiosamente lo que menos asco me da de él es su extraña enfermedad.
Quizá la extraña sea yo.
No sé.
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