domingo, octubre 31

31. Los Otros

La semana pasada ESE yo tuvimos la primera reunión de la Guarde de la enana.
Qué extraño es todo esto..., joder.
Nos citaron en un colegio público cercano. Me imagino que por aquello de estar un poco más cómodos en sillas y no sillitas o, en su defecto, el suelo.
Al entrar, inconscientemente, ESE y yo nos sentamos en las filas del final de la clase.
La clase de sexto B, para ser más exactos. Lo sé porque ESE se ha puesto a pipear los libros que tenía Víctor F. debajo de lo que, imagino, sería su mesa.

En todas las clases está el gracioso, la lista, el feo, el tonto y la rara. Es un hecho.
En mi clase El Gracioso es un argentino. El típico que suelta un comentario con el que, casualmente, todo el mundo se ríe y entonces se flipa creyéndose la hostia de guay y ya no para de hacer una gracia tras otra.
Cuando alguien dice que en Navidad algún papá se podría disfrazar de papanoel todos le miran, incluidos ESE y yo. Luego ESE y yo nos miramos respectivamente y nos decimos como con la mente eso de: Recuérdame este momento para comentarlo luego, por favor.

La Lista es una garrula con el pelo de color rojo pasado de moda que va de madre moderna bla bla BLA.
ESE y yo la llamamos desde el Día D (Día De la reunión) La Belén Esteban.
Me cae como el culo la gente que va de chunga por la vida. La gente chunga no va de chunga, simplemente lo es.
A La Belén Esteban esta me la como yo con papas.
De hecho me la como en la reunión la única vez en la hora y media que decido intervenir.

Cuando iba al cole me daba vergüenza hablar en clase mientras todos me escuchaban. No sólo cuando el profe de turno me preguntaba la lección y no tenía ni puta idea porque yo no era de ésas. Si no me sabía la pregunta no hacía como que de un momento a otro una luz divina me señalaría la respuesta correcta o algo así. Acababa la agonía con un sincero No tengo ni idea y ya está.

La enana lleva dos meses en la Guarde y ha faltado cuatro. Cuando no eran los mocos era la (puta) tos y cuando no la fiebre.
Dice La Belén Esteban que la bronquitis no es contagiosa y que por eso ella, que es más chula que nadie y de todo sabe, ha llevado a María a la guardería. Toma ya.
Discute con las cuatro profes que están de pie justo delante de una pizarra mal borrada sobre si la bronquitis se contagia o no. Todo lo que acabe en Itis es contagioso, suelta una de las profes como para dar por terminada la discusión.
Noto cómo todas las caras se giran cuando me pongo a hablar. Pero ya no estoy en sexto ni me van a puntuar cuando termine. Por eso me doy el lujo de meter en mi inesperado discurso algún sarcasmo que sólo algunos comprenden antes de contar hasta tres.

La Rara es la tía que está sentada justo a mi izquierda.
Es tan rara que no puedo concentrarme en lo que está diciendo porque no puedo dejar de mirarle mientras habla. En las gafas que lleva, en la goma del pelo, en las uñas de las manos, en los gestos que hace y en el boli que lleva entre los dedos.
No creo que pudiera llegar a intercambiar más de un par de frases con esta tía. Sin reírme antes, digo

En mi clase La Rara se llamaba Silvia Sánchez.
Era bajita y rechoncha. Como un balón de fútbol.
Todos nos metíamos con ella porque nos hacía gracia que fuera tan bajita y tuviera ese carácter. Era como esos perros pekineses que son un moco pero se pasan el día ladrando. Como si creyeran que son un Pastor alemán o esos perros tan caros de ahora que se han puesto de moda.
Silvia Sánchez ladraba cada vez que alguien le daba una colleja. Y supongo que eso era lo que al resto nos gustaba, deduzco, que no se callara.
A veces, muchas, pienso en ella. En si, por nuestra culpa, le habrá quedado alguna especie de trauma de esos de la infancia.

El Tonto es su marido/novio/pareja y está sentado justo detrás de ella. Me imagino que en su vida diaria el orden de los productos es el mismo. Él siempre detrás.
Y debajo.
También es El Feo.
Hay gente que no tiene suerte en la vida. Es un hecho.

Que el argentino gracioso va a ejercer de papanoel en navidad y que La Belén Esteban va a intentar ser mi amiguita a partir de ahora también es un hecho.

Tiempo al tiempo que es gerundio.

martes, octubre 12

30. ¿Qué ves?

Mi ex, El Poli, va a ser papá. En abril del dosmilonce si todo va bien. Está(n) muy contento(s). Se ve que llevaba(n) desde mayo del dosmilocho intentándolo. La enfermera que le hizo la primera ecografía a la que será (en abril) la madre de su hijo le(s) dijo que no estaba segura pero creía ver una cosita colgando. Un niño, vamos.

Antes, hace años, cuando dejaba a alguien me imaginaba que desaparecían, sin más. Como si de un día para otro dejaran de existir. Decidías un buen día que no querías que formara parte de tu vida, buscabas los cojones para hacérselo saber y pasabas, literalmente, la página que mandaba a tomar por culo dicho capítulo. Se acabó. Ya está. Como si nunca hubiera existido para ti. Así de fácil.

Mi ex, El Poli, va a ser papá. Lo pone en su feisbúc. Feisbúc al que, por cierto, puede acceder todo el mundo. Forme parte o no de sus casi doscientos amigos.
A mí me la trae al pairo que vaya a ser padre o que haga paracaidismo el primer miércoles de cada mes. Me da exactamente igual si se rompe un pie o se transforma en mujer mañana.
Lo que me jode es tener la extraña sensación de que la página se ha quedado ahí, estancada.

Una persona normal escogería la solución sencilla y coherente de no entrar más en su página personal feisbucal. Muerto el perro se acabó la rabia, que dicen.
A estas alturas de la peli no creo que sea necesario terminar la entrada.

lunes, septiembre 20

29. Veo veo

Ayer casi me quedo ciega.
Ciega literalmente, quiero decir, no ciega de Vaya taja llevas.
La puta botella de agua oxigenada me explotó (literalmente otra vez) en la cara. Exactamente en el ojo derecho y alrededores.
Casi me quedo ciega y nadie se percató en ningún momento de ello. Fui al lavabo, me lavé mucho la cara, abría mucho los ojos (sobre todo el derecho) mientras lo hacía y me sequé con la toalla.
Al terminar, salí del lavabo, acabé de preparar el tinte y me dispuse a colocárselo en la cabeza a la señorita que leía, absorta, que Penélope Cruz estaba embarazada.
Intentaba no levantar mucho la vista y que mi mirada apenas se cruzara directamente con la suya en el espejo para que no me preguntara por qué mi ojo derecho parecía, de repente, salido de un combate de boxeo donde, evidentemente, él no había sido el ganador.

Soy así de extraña. No sé.

Eso es lo más excitante que me ha pasado esta semana. Eso y que El Chino me contestó al mensaje que le envié mediante ese feisbúc que nunca utilizo y, además, solicitaba mi amistad.
Si las definiciones del diccionario vinieran ilustradas con imágenes en el mío particular vendría la foto (y en grande) de El Chino al lado del significado aquel de Primer Amor bla bla BLA.
De este sí que estaba yo ciega a los catorce (quince, dieciséis...) años.
He tardado exactamente siete días en volver a responderle y he ignorado su solicitud de amistad.
Luego me he lavado mucho la cara. Otra vez.

miércoles, septiembre 1

28. Bienvenida al mundo real

Hoy ha sido el primer día de guardería (La Guarde a partir de ahora) de la enana.
El punto a favor es que no he ido sola (de soledad) a (abandonarla) llevarla.
El punto en contra es que mi acompañante era mi mare con lo cual lo que hubiera podido quedarse en Drama se ha convertido en Tragedia.

Posiblemente, ahora así, rápido, haciendo memoria, hoy haya sido el día más triste de toda mi puta vida.

martes, agosto 24

27. Me la suda

Es mentira. Como casi todo en esta vida.
Supongo que es un sistema de auto protección que tenemos o alguna memez de ese tipo, cuanto más inseguros somos más nos esforzamos por parecer mega chungos.
Nos protegemos.
Intentamos hacer creer que nos da igual y que no nos importa un carajo y medio lo que piensen de nosotros porque vamos de Distintos al Resto.
Me imagino que esto otro también debe ser una especie de sistema de auto protección o algo. Resulta desolador tener que admitir que eres exactamente igual de gilipollas que tu vecino del tercero. Al que apodas, por cierto, El raro de abajo.

Como las caricaturas. Hay que tener dos cojones para hacerte una. Es como si le pagaras al bohemio del lápiz por sacar lo peor de ti. No sólo sacarlo sino, encima, exagerarlo. Se ríe en tu cara y encima te lo firma para que no se te olvide su nombre en la puta vida.
Tiene guasa.
Cada uno de nosotros, deduzco, podría dibujar a oscuras todos y cada uno de sus defectos de un modo brillante. Nadie mejor que uno sabe de sí mismo, dicen.
Lo jodido es cuando te da por pensar que quizá los demás también podría hacerlo de puta madre.

No me la suda.
Es mentira. Como casi todo en esta vida.

jueves, agosto 12

26. Auto control

De un tiempo a esta parte pienso cosas extrañas.
Nunca he sido muy normal, supongo.

Hoy le han tirado arena en la cabeza a la enana en la playa.
La (zorra) autora de semejante hecho no debía superar los dos años.
Me he imaginado aplastándole la cabeza a esa niña. Aplastándosela literalmente quiero decir. Mientras llevaba a mi hija a bañar (POR COJONES) para limpiarle la arena de la cara. Lo he imaginado justo en ese momento. Mientras las olas del puto Salou rompían en mis rodillas.

El punto a mi favor es que sé que aplastarle la cabeza a una cría de dos años no está bien (lejos, cerca).
O eso me dijo un colega hace tiempo, que nunca tiraría a nadie a las vías del tren porque era consciente de que no era normal hacerlo. Por mucho que me imaginara (véase Cosas extrañas) tal escena cientos de veces.
El punto en contra es que normalmente la gente no va por ahí imaginándose matando a la peña por la calle como si de un juego de esos molones se tratara.
O eso dicen.

Al final no lo he hecho. Aplastarle la cabeza, digo.
El punto a favor es que, de momento, estoy consiguiendo auto controlarme.
El punto en contra es que estaban sus padres delante.

martes, junio 1

25. Das asco


Me explica que le operaron en el dos mil tres porque sudaba un huevo. Que la culpa la tienen los nervios simpáticos que curran demasiado o no sé qué coño me está contando porque ya hace unos cinco segundos que he desconectado.
Me he ido.
Bueno yo no, yo sigo ahí, de pie, aguantando con dos cojones. Como buena (comercial) peluquera. Se ha ido mi mente.
Ahora mi única prioridad es conseguir que mi mirada no se desvíe hacia sus axilas. No puedo concentrarme y escucharle a la vez. A pesar de ser mujer.

Hay poca gente que me dé asco en esta vida. Se puede decir que he tenido suerte hasta ahora, sí.
Pero éste es uno de ellos.
No tiene nada que ver con el detalle insignificante de que sude en exceso.
Ya me daba asco de antes.

Me ha traído bocetos. Dibujos, vamos. Se ve que la última vez que estuvo cortándose el pelo, en diciembre me dice, le dije que la próxima vez me trajera trabajos suyos para verlos.
Soy peluquera con lo cual padezco esa extraña manía de intentar quedar bien con todo el mundo a pesar de que todo el mundo me la traiga al pairo y me importen menos diez.
La culpa de todo la tiene mi Conciencia que es una amargada de la vida y me está amargando la mía.
El tío dibuja de puta madre. Tampoco tiene mucho mérito eso viniendo de mí teniendo en cuenta que sigo, con treinta y dos años, dibujando las manos de los muñecos como si tuvieran guantes.
Todas las tías de sus bocetos están desnudas y tienen unas tetas tremendas.
Obviamos ese hecho o por lo menos optamos los dos por no decir nada al respecto. En voz alta, digo. Cosa que agradezco, sinceramente.
Me pregunto si no estoy con un posible psicópata y esté cayendo en el grave error de tratarlo sólo como gilipollas.
Me lo pregunto cuando me dice la fecha exacta de mi cumpleaños.
Habré hablado con este tío unas siete veces en toda mi vida y cada seis meses una de la otra pero sabe qué día nací. Y lo que me me da mal rollo no es que sepa qué día cumplo los años sino que se haya preocupado en averiguarlo/memorizarlo/recordarlo.

¿Dónde terminará el límite de la atracción y empezará el de la obsesión? ¿cuánto de delgada será la línea que las separa?

Curiosamente lo que menos asco me da de él es su extraña enfermedad.
Quizá la extraña sea yo.
No sé.



sábado, mayo 22

24. El quinto sentido


Dicen que las mujeres tienen seis sentidos y yo voy perdiendo mis comunes cinco por el camino.
A veces me pregunto si en mi vida anterior fui un tío (bastante hijo de puta además) y estoy pagando por mis pecados en esta otra.

Me hago un porro.
La niña llora.
Otra vez.
Creo que es la cuarta vez que se enciende la puta alarma esa que me avisa de que la niña llora. Con su puta cámara incorporada. Para que además de oír cómo se va a tomar por culo mi momento único del día que llevo ansiando desde aproximadamente las siete y pico de la tarde pueda verlo en imágenes también. Por si no me quedaba claro que el espacio vital de mi propio Yo se iba alcantarillas abajo. Toma, ahí lo tienes. Jódete.

Hay un cigarro liado hecho por ESE justo al lado de mi porro cuando regreso por cuarta vez de la habitación de la enana.
Le digo a ESE que le dé unas caladas a uno y me diga cuál de los dos es el porro que YO me he hecho minutos horas antes. Mi sentido del olfato ha pillado temporalmente vacaciones porque mi nariz ha cogido complejo de albergue para mocos.
Mientras me estoy fumando (supuestamente) el porro, mi porro, miro cómo cena él en el sofá y me pregunto si realmente me habrá dicho la verdad.
Y me rallyo.
Otra vez.



miércoles, mayo 19

23. Introspección


Que te caiga mal el de enfrente tiene fácil solución porque, excepto la familia, somos nosotros los que elegimos con quién queremos (o no) compartir un minuto de nuestro valioso tiempo.
Caerte mal a ti mismo ya es más jodido porque o cambias tu manera de ser o aprendes a vivir con tu propio Yo.
Cambiar la forma de ser no es difícil es lo siguiente y yo nunca he sido dada a hacer sobre esfuerzos por aquello de que soy demasiado vaga. Es como perder el tiempo, tu tiempo, en algo que sabes de antemano no te va a llevar a ninguna parte y que si te lleva a algún sitio va a ser a la casilla aquélla de Vuelva a intentarlo.
Con lo cual lo más sencillo es intentar aprender a vivir contigo mismo.
No sé si es lo más fácil pero sí estoy segura de que es bastante menos cansino.

De un tiempo a esta parte me estaba cayendo como el culo a mí misma. Y lo más jodido es que me daba perfecta cuenta de semejante hecho. No hay nada más patético en esta vida que darte cuenta de algo y no pensar siquiera en poner remedio.
Decía la que durante cuatro años fue mi jefa que no somos monedas de oro para gustar a todo el mundo y debíamos asimilar que quizá la culpa no era nuestra pero tampoco del resto.
Llevo meditando seriamente la idea de que quizá, sólo quizá, sea yo la que vaya en contra dirección. Lo jodido no es ir en otra dirección a Los Otros sino no encontrar la señal luminosa aquélla que pone Cambio de sentido.
O comenzar a sopesar la idea de que a lo peor ni siquiera existe.


domingo, mayo 16

22. Me cuesta tanto


Si perdonas olvidas y si no olvidas es porque no has perdonado. No te engañes.
Eso decía yo siempre del jodido refrán aquél que mide el rencor según le demos a la opción A o a la B.
Es mentira.

Desgraciadamente no tenemos un botoncito para apretar (o no) lo que queremos (o no) recordar. En ningún rincón de nuestro cerebro hay una opción de ésas. O por lo menos yo, por más que la he buscado, no la he encontrado.
Desgraciadamente, digo.
Nuestro cerebro es un cabrón. De eso no hay, a estas alturas, ninguna duda.
Es tan cabrón que no sólo no nos da la opción de poder olvidar según qué cosas sino que encima guarda ese documento bajo llave para hacernos saber que en la puta vida va a desaparecer. Que de eso ya se encarga él.
Y muchas veces, en cambio, los momentos felices se los pasa bastante por alto.

Si aplicara mi fantástica teoría al respecto de ésto se diría que entonces no he perdonado. Puesto que no he olvidado.
Quizá.
Y mira que me empeño, en olvidar digo, pero qué va. No puedo.
Y me jode.
Me jode no poder controlar la situación de mi propio yo.
Y me duele.
Y eso me jode aún más.

martes, mayo 11

21. Échate en agua


Me aburro.
Me aburre la gente más bien. Practicamente toda. Se salvan muy pocos y con el tiempo terminan cagándola. Con lo cual lo del practicamente se va a tomar por culo.
La cuestión final es que me aburro. Sea de quien sea la culpa de ello.

Qué pereza todo. La vida, a veces, se hace de una cuesta arriba de la hostia donde sólo (de solamente) el pensar qué hacer de cenar te hace rozar el extremo del suicidio.
O más.
Siempre lo mismo. Cada día. Un día tras otro. Como si siempre te pusieran la misma escena una y otra vez. Llega un momento que ya te importa un cojón y medio ya no sólo cómo termina la peli sino cómo cojones se llamaba.
Siempre los mismos diálogos con idénticos protagonistas y figurantes. Siempre, una y otra vez... y otra más.

Me aburro.
Y casi que prefiero estar enfadada porque no hay nada más aburrido que estar aburrido.
O que te aburran los demás, que para el caso es lo mismo.


martes, mayo 4

20. La mancha




La mancha oscura llevaba allí arriba aproximadamente año y medio. Quizá más.
Justo en una esquina del techo del lavabo. Mi lavabo.
Al principio pensé que era un bicho. De hecho estuve sopesando la idea de que fijo que era un bicho.
No le dije nada a ESE porque pasaba de que me dijera que estoy obsesionada con los bichos (que lo estoy), que los veo por todas partes bla bla BLA.
Por eso me callé y decicí actuar yo sola (de soledad).
Me fijé en qué centrímetro exacto estaba de la baldosa para ir comprobando si la mancha se movía o, por el contrario, se quedaba sólo en mancha y ya está.
Estoy loca y veo bichos por todas partes bla bla BLA.
Lo de siempre.
Año y medio. Sin moverse. Justo en el mismo sitio.

Cada noche antes de irme a la cama hago siempre el mismo ritual: voy al baño, echo la última meada, aprovecho la luz del lavabo para acercarme a ver cómo duerme la enana en su cuarto, le tapo con la sábana las piernas, apago la luz del lavabo, voy a la cocina y me fumo la mitad del porro que seguramente habré reservado para El Ritual.
Con la última calada me voy a la cama y es entonces cuando me siento Dios. O lo siguiente.
En algún momento me quedo dormida.
Hasta las tres de la mañana.
Un bicho de esos extraños sin clasificar todavía se paseaba tímidamente por el suelo del lavabo. Mi lavabo.
PUM. Se acabó. Fin de la partida. Lo he aplastado con el pie, claro.
A los cinco segundos, una vez superado el asco, miro hacia arriba, justo en la esquina, en el centímetro exacto.
No había (mancha) nada.
Me he sentido lo siguiente antes de llegar siquiera a la fase esa del porro.












Bla bla BLA.



domingo, mayo 2

19. PA-TA-TA


Observo a las (Otras) madres y me pregunto si a las tres y media de la mañana estarían despiertas, como yo, dándoles el puto biberón a sus hijos. Y si es así me pregunto (también) por qué cojones tienen esa cara de felicidad constante como si sus vidas fueran la rehostia o algo similar.

Vengo pensando de un tiempo a esta parte que soy más débil de lo que yo sospechaba. Porque soy débil, de eso no hay ninguna duda. Aunque lo disimule del carajo bla bla BLA.
O quizá, puede ser, más egoísta de lo que en un principio creía.

miércoles, abril 28

18. ¿Te imaginas...? NO.


Nunca me he imaginado follando con un chino.
Curiosamente al primer chico que besé y del cual estuve enamorada hasta casi ayer le llamaban así. Chino.
Pero los chinos y mi Chino no tienen absolutamente nada que ver. Más que nada porque con éste chino en concreto me he imaginando follando yo cada diez por cincuenta.

Te has fijado en que los chinos nunca pasean un perro?
Yo es que no me fijo en los chinos.

Definitivamente mi mente (a veces) es bastante más inteligente que yo.
Que tampoco es muy difícil, no nos engañemos.

jueves, abril 22

17. Puzzle


El otro día fui a un bar donde los cuadros que lo decoraba eran puzzles.
A los dos días (uno, dos) me compré uno.
Los gilipollas hacemos ese tipo de cosas sin sentido, sí.
El puzzle, mi puzzle, es de 1.000 piezas. En realidad no me había fijado en ese pequeño detalle hasta dos horas después de llegar a casa.
Yo creo, de todos modos, que el señor recuentapiezas de puzzles se olvidó de contar unas ochocientas más o menos. Es imposible que todo eso sean sólo 1.000 piezas.
Una currada esto de los puzzles. Con sus fichas todas distintas y ese rollo. Todas encajando a la perfección. Un rompe cabezas en toda regla, vamos.

9,90.
No sabía que fueran tan baratos. O tan caros. De hecho no sabía qué coño podía costar un puzzle porque en la puta vida había pensado en la palabra puzzle hasta que entré el otro día en aquel bar.
Me pregunto si ya tenían, los de bar, digo, los puzzles hechos y aprovecharon el espacio para saber (por fin) qué hacer con ellos o si, en cambio, hasta que no acabaron los puzzles no pudieron abrir el bar.
Esas reflexiones estúpidas que se hace mi absurda mente cuando decide ir por libre.
Me paso horas muertas delante del jodido puzzle mirando las fichas de los huevos. Pruebo a encajarlas de todas las maneras posibles/distintas habidas y por haber. Me fijo en la forma exacta de la pieza, la visualizo y me paso los siguientes diez minutos buscando el otro lado del espejo. Cuando por fin una me encaja me paso los otros siguientes diez comprobando que, efectivamente, son pareja de hecho y que ya sólo me queda encajar el RESTO.
La vida es como un puzzle. Nos la pasamos intentando encajar las piezas constantemente y cuando por fin lo hacemos no estamos del todo convencidos de si lo estamos haciendo bien.

martes, abril 20

16. ¿Subes?


La gente me sonríe cuando voy con el carro de la niña.
Con la niña dentro, evidentemente.
Si fuera sólo, de solamente, con el carro (sin la niña dentro) (lejos, cerca) también me sonreirían. Pero de otra manera.
Trabajo intentando perfeccionar mi sonrisa de peluquera comercial de mierda casi a diario. Digo casi porque hay días que me importan todos tan poco tanto que ya me cuesta hasta soportarme a mí misma con lo cual lo de no sólo soportar sino agradar al personal se me hace de una cuesta arriba que flipas.
Por eso digo a los demás y me repito una vez tras otra a mí misma que una vez que bajo esos dos escalones que acceden a la pelu no tengo ni que soportar las gilipolleces del resto de la humanidad ni tener, encima, que fingir que me importan lo más mínimo.
Es como si la sonrisa profidén tuviera el derecho de apagarse porque ya ha cumplido sus horas diarias. Hasta mañana.
Y que, encima2, se me respetara ya sería la rehostia.

Desde que soy madre he descubierto dos cosas muy importantes.
La primera es que tu vida te importa casi lo mismo que lo que te importa la del resto de la humanidad mundial. Nada. Tu persona pasa a un segundo quinto plano para que la de tu hijo se ponga en la fila de delante.
La segunda cosa importante que he decubierto son los ascensores del Corte Inglés.
Hasta que no he sido madre no me había planteado nunca cómo subirían a la Planta 6 Sección Moda Joven los que van en silla de ruedas. Supongo que porque no me importaba lo más mínimo dado el significativo hecho de que yo no voy en silla de ruedas.
Hasta que no he sido madre no había caído en la cuenta lo jodido que es ir con un carro por la vida pegado a tu sombra. A (casi) todas horas.

Dicen que un ascensor es un habitáculo donde varias personas se dedican a desconfiarse mutuamente unas de las otras.
Para mí, desde que soy madre, es un inquietante espacio de (mi) tiempo donde otras varias mismas personas se dedican a hacerle gilipolleces a mi hija con el fin de acabar encontrando su sonrisa.
Esa puta manía de querer caer bien a los niños a toda costa.
A mí no me importa que lo hagan. De hecho pueden contarle a la niña la historia de sus vidas si quieren. Pueden, incluso, bailarle la Conga si les apetece. Me da igual.
Sólo (pido) quiero que a mí me dejen en paz.
Es como toda esa gente que siente la obligación de pararse si sus perros deciden olerse el culo el el parque de turno. Y, encima3, tener que mantener una conversación absurda y estúpida pierdetiempos.
Nos pasamos la vida intentando quedar bien con el de enfrente porque es lo que nos han dicho que es lo correcto. No porque queramos.

Ahora vendría de puta madre eso de Paren que yo me bajo.
¿Qué no?

sábado, abril 17

15. Cierra los ojos



Y te miraré la cara, cuando nadie me mire, para estudiar la expresión que tiene tu rostro, analizándola poco a poco.
Me fijaré en la forma y en el color de tus ojos, esos ojos que me devoraban hace no tanto.
Me detendré, poniendo especial atención, en tu boca, para imaginármela sobre la mía. Para hacer mi particular película de lo que, deduzco, debió pasar aquel día.
En cómo de grandes son tus manos, en si me rodearon (o no) el pecho al completo. En qué sentirías al hacerlo.
Y te miraré la cara, cuando nadie me mire, cuando no te des cuenta.

Es jodido, mucho, no poder recordar a qué sabe la Felicidad habiéndola probado.
Más jodido, supongo, es no haberla probado nunca y que sólo te quede el consuelo de intentar imaginártela.



miércoles, abril 14

14. Los Otros



Es como aquéllo de que que vas por la autopista con tu coche, chino chano, a tu rollo, escuchando una canción de ésas que te ponen la piel de gallina, ésas que casi siempre prefieres oír cuando estás solo porque así puedes cantarla a bocajarro, sin temor a quedar como el puto culo si te equivocas en una estrofa mientras tu vergüenza te hace señales de humo o te pega en la frente en MAYÚSCULAS y en negrita la frase de HAS QUEDADO COMO EL PUTO CULO PORQUE VAS DE QUE TE LA SABES Y NO TIENES NI IDEA. GILIPOLLAS.
Con tu cigarro, si fumas, en la mano, echando el jodido humo hacia donde te salga de los cojones sin tener que parecer un retrasado ni nada mientras intentas sortear a la persona que tienes delante para que no le moleste. Colocando tu barbilla de lado a la vez que la inclinas para arriba.
Sólo tú contigo mismo.
Y te das cuenta que te vienen la mayoría de coches de frente. Y, encima, no te das cuenta de repente sino que te llevas dando cuenta desde que recuerdas. Que todos van en otro sentido distinto al tuyo. Y sigues apretando el acelerador, bajando de quinta a cuarta de una manera mecánica mientras tarareas el estribillo justo después de darle una calada al cigarro.
Supongo que esa debería ser la bombillita que se enciende para alertarte de que algo no va bien.
Supongo que deberíamos, si no detenernos, colocarnos en el arcén y plantearnos qué está mal.
Es como aquéllo de que si todos los coches te vienen de frente quizá sea porque eres tú el que va en contra dirección.
Pero siempre pasa uno justo a menos de un palmo del tuyo, en sentido contrario, que luce una pegatina de CAMELA en la luna trasera y mandas la bombilla a tomar por el culo haciéndola añicos.
No sabes si eres tú el que va en el sentido correcto o qué pero lo que está claro es que no puedes ir el el mismo sentido que él.
No quieres.
Entonces viene la estrofa aquélla de que si no puedes con tu enemigo intenta sortearlo buenamente puedas para que, en la medida que te sea posible, te moleste lo más mínimo.

Y te enciendes otro cigarro. Ya no porque te apetezca fumar sino para echar el humo en la dirección que te salga de los cojones.
Por lo menos hasta que te bajes del coche.


sábado, abril 10

13 (Otra vez). Payaso


Se puede poner el Facebook como página principal. Es decir, que sea lo primero que veas cuando enciendas el ordenador.
Habrá gente que lo haga.
Llevo pensando en eso desde el tiempo que lo he descubierto. En que habrá gente (tan GILIPOLLAS) que lo haga.

El pensar eso me ha llevado a aquello otro de entrar en mi Facebook (yo también tengo, por supuesto) y comprobar que la cantidad de gilipollas que rezan como mis amigos siguen ahí todavía, publicando cada mierda que pisan en sus patéticas vidas. Colgando sus últimas fotos de fiesta para que los demás vean (veamos) lo bien que se lo pasan y lo felices que son.
Como si a alguien le interesara lo más mínimo.
Seguro que más de uno de mis amigos tiene la página del Facebook como página principal.

Mi ex no forma parte de mis amigos (tampoco Facebookiales) pero no sé por qué extraño motivo no privatiza su vida (aunque sea) al resto del mundo mundial.
En su última foto mega guay La cuelgo para que vean lo que mola mi vida y lo mega divertido que soy, lleva esas patillas made in Voy de Dandy pero en realidad sólo soy idiota que llevaba allá por los noventa cuando se creía (también) que eran molonas.
Está más gordo y va rapado. Deduzco que al final, efectivamente, se quedó casi calvo.
Me causaban una terrible vergüenza ajena. Las patillas, digo.
Y él también en algunas ocasiones.
Está sentado en una especie de mesa de póquer profesional. Juegan con fichas como en los Casinos pero están en medio de un bar tipo Bar de Pepe en Cornellà.
Tiene la expresión seria, como de interesante, pero sabe perfectamente que la cámara va a disparar una foto.
Siempre he odiado a esa gente que finge que no se da cuenta de que le están haciendo una foto y (encima) posan distraídamente como si el resto no se diera cuenta.
Menudos gilipollas.
Éste, mi ex, es otro gilipollas.
Y míratelo ahí sentado, mirando la mano de cartas que le ha tocado tipo Oceans Eleven o algo así, como si el traje de poli le hubiera salvado de ser un payaso integral.

Hay personas que da igual las vidas que se inventen o los nombres que se prueben. Terminan reiniciando para volver a ser idiotas una y otra vez.


jueves, abril 8

13. Mientras dormías


He leído que nos comemos una media de ocho arañas en toda nuestra vida mientras dormimos.
Lo ponen así, sin más, como si comerse arañas mientras sueñas fuera lo normal.

Me he imaginado las arañas campando anchamente por mi cuerpo. Mientras duermo.
Me las he imaginado llegando hasta mi cuello, subiendo por mi cara y parándose en la comisura de mis labios.
En qué momento la muy traidora de mierda decide adentrarse en mi cuerpo indefenso.
Mientras sueño.
Me tapo la cara con la sábana desde entonces.

Si vivo ochenta años me comeré de media una araña cada diez años.

Qué suerte.

miércoles, abril 7

12. No tocar


Necesito sólo diez segundos para saber si una persona me va a caer bien.
Cinco si me va a caer mal.
Cuando supero ese tiempo es porque la persona que tengo enfrente terminará dándome exactamente igual. Los idiotas es lo que tienen, te hacen perder el tiempo hasta para analizarlos.
Supongo/ deduzco que en tu foro interno todavía (a estas alturas) te cuesta asimilar que pueda haber gente tan sumamente innecesaria en el mundo en el que vivimos. Te llega a sorprender incluso que sigan subsistiendo.
Son totalmente prescindibles. Si desaparecieran no caerías en la cuenta de tan insignificante hecho hasta pasado un tiempo.
Yo, en particular, prefiero caer mal a no caer. Debe ser entre triste y patético ocasionar tanta indiferencia a los que te rodean.
El día que te mueras que se alegren o te lloren.
Pero que hagan algo.

Me molesta que la gente se acerque tanto cuando te habla. No me importa si los conozco desde hace diez minutos o de siete años antes. Me molesta que se acerquen y que traspasen esa línea imaginaria que yo, mediante mis gestos, intento marcarles continuamante.
Hay personas que INCLUSO te agarran intermitentemente del brazo. Es como si tuvieran miedo a que de un momento a otro te vayas a ir por patas y se aseguran el que no lo hagas.
Odio que me llamen cielo porque ya no es que transpasen mi estructurada línea imaginaria sino que se la pasan, directamente, por el forro de los cojones.
La gente se empeña/ esfuerza en ir por ahí cayendo bien como si al final de este juego San Pedro les fuera a dar un premio.
Como se enteren de que después del Game Over ya no hay más pantallas vamos de culo.
No hay malo más malo que un bueno disfrazado.



martes, abril 6

11. Del verbo Fin


Hoy (ayer) ha sido el cumpleaños de mi amiga Bea.

A Bea la conocí con cuatro años.
Fuimos juntas en la EGB, seguimos en F.P. y acabamos en la Academia.
Digo acabamos porque fue el último año que estuvimos juntas.
Trasladaron a su familia a Salamanca cuando cumplimos los ansiados dieciocho.
Dos años después su padre murió de un infarto. Treinta y nueve años.

La guapa de la clase siempre será la guapa de la clase por mucho que en séptimo su cara se asemeje a una castaña. Ya es por inercia supongo. Date fama y ponte a sobarla que ya da igual lo que hagas. Dicen.
Cuando se coloca la banda esa de Mi mejor amiga ya es para toda la vida. No puedes ir por ahí cambiando de mejor amiga así como así. No está bien visto.
Lo malo es que después de los dieciocho llegan los treinta y ya te la trae floja qué está o no bien visto en esta vida.

Mi (mejor) amiga Bea dejó de ser tal allá por los veinte. Si acaso.
Pero hasta los treinta no me había decepcionado.
No pensaba llamarla. Hoy (ayer), digo. Lo tenía meditad(ísim)o.
El destino o mi gilipollez continua total han querido que ni siquiera me acordara. Y es que a veces se toman decisiones que luego no servirán un carajo porque la opción D al final no sale en el examen.
Tócate los huevos.

Me ha jodido acordarme tarde.
Me hubiera gustado haberlo hecho, durante todo el día, recordarlo, digo.
Para no llamarla.

No sé si ya era mala o me estoy haciendo mala con el tiempo.
O era mala y me estoy haciendo más mala todavía.

Lo que sí sé es que voy fumada.

sábado, abril 3

10. Fumo (otra vez)


Vuelvo a fumar porros de forma habitual.
Lo hago por las noches, cuando mi papel de madre ha finiquitado el contrato.
Hasta el día siguiente.
No creo, en cambio, que sea mala madre. Ni me siento como tal.
Quizá sea justamente eso lo que lo ratifica. Precisamente el no sentirme mal es lo que me hace peor (si cabe).
Una vez le comenté a un amigo que la vida sería mucho más fácil yendo fumados a tiempo completo. Porque todo fluye de un modo entre fácil y natural.
Me contestó que quién nos decía a nosotros que lo normal no era ir fumados y que habíamos estado engañados durante años.
No supe qué contestar.
Es lo que tiene ir fumado, que te planteas incógnitas no sólo difíciles de responder sino de comprender también.

Creo que mi hermano mayor está engañando a mi cuñada.
Poniéndole los cuernos, vamos.
Creo, también, que mis pares lo saben.
Pero nadie dice nada al respecto y menos en voz alta.
Hay cosas que parecen no pasar si no se hablan.
Pero es mentira. Sí pasan, por mucho que cerremos los ojos o demos la espalda.
Es extraño pero siempre nos parecen mucho peor las cosas que hace el de enfrente que las tuyas propias. Aunque éstas sean peores.
No nos medimos con la misma regla porque sabemos con total seguridad que vamos a salir perdiendo. Porque, efectivamente, no somos especiales.
Por mucho que nos joda.

Vuelvo a fumar porros de forma asidua.
No sé si está mal ni tampoco si es o no lo normal. Quizá estoy tapándome los ojos con las manos o echando una carrera sin mirar atrás con mi Conciencia.
Pero vuelvo a ser la misma y eso me gusta.
Hacía un tiempo que ya ni siquiera me recordaba.
Y me echaba de menos.
Mucho.

jueves, abril 1

9. Pues yo de mayor...


Siempre pensaba que nunca llegaría a los treinta años.
Que desaparecería antes de todo este tinglao que nos tienen montado.
No pensaba, en cambio, que me moriría. Es algo muy extraño, sí.
Tengo treinta y dos .

No me imaginaba yéndome de casa con mi novio de toda la vida, boda por delante.
Ni en cómo sería el momento de despedirme de mis pares.
Al final me fui sola dejando dos meses antes al novio de toda la vida sin despedida melancólica con banda original de fondo.
Recuerdo que cogí ropa y la metí dentro del carro de la compra de mi mare. Llené ese carro hasta los topes con lo cual mi imagen desde arriba debería ser patética haciendo equilibrio con los escalones que me llevaban a mi nueva vida.
Nada es en la puta vida como llegas a pensar que crees que será. Lo imagines o no.

Nunca creí que me tocaría ejercer el papel de madre.
Por mucho que eso, en cambio, sí que me lo imaginara.
Son sensaciones que no tienen cabida en tu cerebro porque hay cositas que sólo puedes sentirlas. Mi hija tiene ya ochos meses.
O dicho de otro modo, soy madre desde hace ocho meses.
Es todo muy (fuerte) extraño, sí.
Siempre pensé que nunca llegaría a los treinta años.
Pero sigo aquí.

Al final va a resultar que soy una más del Resto.

miércoles, marzo 31

8 BIS. Gano


Tengo una facilidad enOrme para irritar al personal.
Lo peor de todo es que ni siquiera tengo que hacer ningún tipo de esfuerzo para ello. Me sale de dentro. Sin tener la necesidad de currármelo ni tampoco de intentar ejercer de hija de puta a tiempo parcial.
Soy así.

En mi familia has de aprender rapidito porque como te cuelgues un mínimo te sueltan una colleja por gilipollas.
Pa que espabiles.
Digamos que a la fuerza ahorcan.
Mi sobrinillo de siete años le da tres mil quinientas sesenta y nueve vueltas a cualquier payaso que ya supere los veinte.
No sólo sabe el significado de la palabra Ironía sino que además la aplica cojonudamente.
Es lo que hay.

Curiosamente los hijos de puta nos codeamos con los de nuestra misma especie. Porque de otro modo, me imagino, nos aburriríamos. Es como si necesitáramos estar constantemente compitiendo con el de enfrente cuando en realidad lo único que hacemos es competir con nosotros mismos.
Queremos ganar.
Siempre.
Para sentirnos de puta madre.

El problema es que nunca lo conseguimos.
Aunque ganemos.

martes, marzo 30

8. Dicen por ahí

Intransigente.
Hoy me han definido como intransigente.

Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno por si acaso no es San Pedro el que te abre las puertas del cielo.
Yo, en cambio, decidí poner un psicólogo en mi vida para que me dijera las cosas claritas de un modo profesional para no tener la tentación de mandarlo a tomar por culo dado los estudios realizados por su parte.

Una vez leí que somos tres personas al mismo tiempo:
1. La que creemos ser nosotros.
2. La que creemos que creen los demás que somos.
3. La que somos realmente.

Ahora no sé si creo ser intransigente porque me lo ha dicho un(a) profesional, si creo que los demás creen que lo soy (sean profesionales o no) o si lo soy realmente.

Un lío, vamos.

domingo, marzo 28

7. Mar adentro

La gente te decepciona.
Supongo que la culpa no es de ellos sino nuestra porque esperamos más de lo que realmente nos pueden llegar a dar.

Cuando conocemos a alguien que nos cae medianamente bien tendemos a no sumergirnos en su persona y nos quedamos nadando sólo en su superficie porque realmente todavía no nos ha dado casi tiempo a encontrarle defectos.
Ni queremos hacerlo.
Pasado un tiempo prudencial no sólo disponemos de ese tiempo sino que además queremos perderlo. Y ese es el error que cometemos, el ponernos el traje de buzo para ahondarnos en el mar de sus cualidades cuando lo propio hubiera sido quedarnos en la orilla imaginándonos que las tenían. Sin tener la jodida necesidad de comprobarlo. Porque (casi) siempre las cosas son bastante mejor cuando es nuestra mente la que hace el trabajo.

Seguramente habré decepcionado a mucha gente cuando se adentraron en mi mar en concreto.
Pero me ha sido indiferente.
Primero porque, de haber sido así, nunca me lo dijeron y segundo porque, verdaderamente, me importa un carajo.

Es como aquello de ¿qué prefieres, querer o que te quieran?
Indudablemente, dado mi egoísmo, siempre me quedo con la opción A. Porque queriendo sientes y eso, en definitiva, es lo que la mayoría buscamos.
Sentirnos vivos a cada paso que damos.

La gente te decepciona.
Pero no es culpa de ellos sino nuestra.
Por esperar demasiado.

sábado, marzo 27

6. Cari

La dependienta donde le compro mensualmente la ropa a la enana me trata como si fuera gilipollas.
A veces pienso que de tanto utilizar diminutivos (pantaloncitos, camisetitas, braguitas...) ella misma se ha diminutizado.
Cada mes intento, sin éxito, hacerle ver que no hace falta que me trate como si fuera retrasada mental pero ella está tan metida en su rol de dependienta de ropita de niños que no se entera un carajo del rol que llevo yo.

Odio a ese tipo de gente que termina sus frases con un Cariño o un Cielo sin conocerte absolutamente de nada.
De hecho odio a ese tipo de gente que termina sus frases con un Cariño o un Cielo te conozca o no.

No me molesta que la dependienta me trate como si fuera gilipollas.
Lo que me molesta es que lo siga haciendo la cuarta vez que acudo a la tienda porque entonces ya no sólo me trata como tal sino que encima cree que lo soy.

viernes, marzo 26

5. Primero yo

Cuando era pequeña le dejaba a mis amiguitas sólo (de solamente) las muñecas que no tenían cabeza. Nunca las nuevas.
Mi mare siempre recuerda eso en voz alta (delante de quien sea) para definir ese lado de mi carácter donde pone en negrita y mayúsculas la palabra EGOÍSTA.
Eso y que me comía las hormigas.

A veces me da por pensar que soy adoptada.

Soy la persona más egoísta que conozco de un tiempo a esta parte. No comprendo en qué parte del camino me perdí (o no) por el atajo de quererme mucho a mí misma.
El día que dejé a mi ex me di cuenta que sus lágrimas no me inspiraban ni siquiera lástima. Que ya es triste.
Para él, digo.
Mientras él se (me) preguntaba qué iba a hacer sin mí el resto de su vida yo sólo pensaba en que resultaba agotador tener que explicarle a alguien que ya no le quieres por ésto o aquéllo otro. Para ti es una pérdida de tiempo tremendo porque te importa un auténtico carajo lo que vaya a hacer en su vida ese gilipollas sin tu presencia. Te gustaría decirle algo tipo Ya no te quiero, y sí, la culpa es tuya y pirarte sin más.
Pero nos quedamos ahí aguantando el chaparrón de lágrimas y buscando excusas lo menos hirientes posibles porque somos egoístas.
Somos egoístas porque no nos quedamos ahí por el de enfrente, empatizando con su dolor, sino por nosotros mismos, para sentirnos lo menos como el culo posible y todo eso de la conciencia llama a tu puerta bla bla bBLA.
Porque dejar algo que ya no te agrada no es doloroso sino placentero.
No nos engañemos.

Me he fumado el último porro a cara de perro, que dicen.
En negrita y mayúscula también.
Lo había escondido en el tercer cajón de la cocina. Justo en el de los trapos.
Con premeditación y alevosía, al llegar a casa, lo he cambiado de sitio para que ÉL no lo enontrara y en caso de que lo hiciera contestar fríamente "No hay".
Lo más chungo ha sido quemar la piedra. Primero por el ruido del mechero y segundo por pequeña.
Mientras me lo fumaba en la cocina me he acordado de que mi mare siempre dice que cuando era pequeña sólo (de solamente) le dejaba a mis amiguitas las muñecas que no tenían cabeza. Nunca las nuevas.

jueves, marzo 25

4. Mejor, imposible

Confiable.
Atractivo.
Gran besador.
Único en su clase.
Ama las relaciones a largo plazo.
Extremadamente enérgico.
Impredecible.
Excederá tus expectativas.
No es un luchador, pero te dejará inconciente.
Tienen una personalidad fuerte y atractiva.

Hay dos tipos: uno es tímido, sensible, y paciente. El otro tipo es exuberante, vivo y puede llegar a esconder las profundidades de su personalidad debajo de un aire frívolo. Ambos tipos tienen una fuerza de convicción y de la verdad muy fuerte y son tan honestos que saben cambiar sus opiniones si aparecen pruebas que muestran lo contrario de lo que pensaban antes. Son capaces de ver los dos lados de un argumento por lo que son uno de los más tolerantes y sin prejuicios. Están abiertos a la verdad y dispuestos a aprender de todos.

Humano.
Sincero.
Refinado.
Idealista.
Saben ser perseverantes y expresarse con razón, moderación y, a veces, humor. Casi todos son inteligentes, claros y lógicos.
Muchos son imaginativos y psíquicos.
A veces sienten la necesidad de retirarse del mundo para meditar o pensar.
Se niegan a seguir la multitud.

A pesar de la personalidad abierta y de su deseo de ayudar a la humanidad, no suelen hacer amigos con facilidad. No se entregan su alma con facilidad. Pero una vez que deciden que merece la pena amar a alguien, se convertirán en amigo o amante dispuesto a sacrificar todo por su pareja y ser fiel durante toda su vida.
Sin embargo, a veces les toca vivir la desilusión emocional porque sus ideales personales les llevan a exigir más de su pareja de lo que es razonable.
Si se le engaña, su furia es terrible.
A pesar de tener ciertos secretos, no comprenden una falta de integridad o promesas rotas. Forman parte de su lado negativo el sentirse resentido ante la traición o demostrar un silencio que puede de repente estallar en un gran enfado.

ACUARIO.

miércoles, marzo 24

3. Insert Coin

Al final no me estoy muriendo ni nada de eso raro.
Suspiro. Mucho.
Me habían enviado la carta (después de llamarme un huevo y medio de veces sin obtener algún tipo de respuesta por mi parte) para hacerme saber que dentro de un año he de hacerme otra citología. Como el resto de las mujeres, vamos.
Ah, y que está todo bien y tal.
Hay que joderse.

Es curioso esto, cuando crees creer que no vas a morirte (por lo menos a corto espacio de tiempo) no paras de pensar en ello. En que no quieres morirte.
Cuando crees que vas a morirte, curiosamente, en lo que menos piensas es en la muerte en sí.
Es como si sacáramos cojones de las entrañas para asimilar que, definitivamente, lejos de lo que tú creías, NO eres especial ni distinto (positivamente hablando) al resto de los mortales. Eres uno más. Ni más, ni menos.
Con lo cual lo que viene después ya casi que te da un poco igual.
Te imaginas la vida sin ti. Cada una de las situaciones que tú ya no podrás vivir.
Ni sentir.
Y es jodido. Ya no sólo darte cuenta que la noria puede dar vueltas sin ti sino que las va a seguir dando cuando tú no estés.

No me preocupaba morirme ni eso de dejar la partida cuando creía, a mi parecer, que la acababa de empezar. No me daba miedo la muerte ni ese rollo del qué habrá después.
Me preocupaba, me acojonaba que la niña, mi enana, no iba, dada su corta edad, a retener en su memoria practicamente absolutamente nada de mí.

La tristeza mandó al miedo a tomar por el culo, me imagino.

martes, marzo 23

2. ¿Game Over?

Debí decirlo demasiado alto (lo de que todo (también) podía ir cojonudamente peor, digo).

Tengo que ir a buscar la citología que me hicieron a mediados del pasado mes de enero.
Hoy he recibido una carta de la Seguridad Social donde me decían eso. Que tenía que ir a recogerla.
Me dicen que han intentado contactar conmigo telefónicamente un huevo y medio de veces.
La puta manía esa que tengo de no coger los números privados cuando bailan en la pantallita de mi móvil.

Nunca me han llamado.
Cuando me he hecho una citología, digo. Que nunca me habían llamado para ir a recogerlas.

No estoy acojonada.

Qué va.

lunes, marzo 22

1. Blog número 199260

No tengo nada que contar.
Todo va bien.
Podría ir cojonudamente mejor pero también cojonudamente peor con lo cual lo mejor es no quejarse.

Por lo menos en voz alta.