miércoles, abril 14

14. Los Otros



Es como aquéllo de que que vas por la autopista con tu coche, chino chano, a tu rollo, escuchando una canción de ésas que te ponen la piel de gallina, ésas que casi siempre prefieres oír cuando estás solo porque así puedes cantarla a bocajarro, sin temor a quedar como el puto culo si te equivocas en una estrofa mientras tu vergüenza te hace señales de humo o te pega en la frente en MAYÚSCULAS y en negrita la frase de HAS QUEDADO COMO EL PUTO CULO PORQUE VAS DE QUE TE LA SABES Y NO TIENES NI IDEA. GILIPOLLAS.
Con tu cigarro, si fumas, en la mano, echando el jodido humo hacia donde te salga de los cojones sin tener que parecer un retrasado ni nada mientras intentas sortear a la persona que tienes delante para que no le moleste. Colocando tu barbilla de lado a la vez que la inclinas para arriba.
Sólo tú contigo mismo.
Y te das cuenta que te vienen la mayoría de coches de frente. Y, encima, no te das cuenta de repente sino que te llevas dando cuenta desde que recuerdas. Que todos van en otro sentido distinto al tuyo. Y sigues apretando el acelerador, bajando de quinta a cuarta de una manera mecánica mientras tarareas el estribillo justo después de darle una calada al cigarro.
Supongo que esa debería ser la bombillita que se enciende para alertarte de que algo no va bien.
Supongo que deberíamos, si no detenernos, colocarnos en el arcén y plantearnos qué está mal.
Es como aquéllo de que si todos los coches te vienen de frente quizá sea porque eres tú el que va en contra dirección.
Pero siempre pasa uno justo a menos de un palmo del tuyo, en sentido contrario, que luce una pegatina de CAMELA en la luna trasera y mandas la bombilla a tomar por el culo haciéndola añicos.
No sabes si eres tú el que va en el sentido correcto o qué pero lo que está claro es que no puedes ir el el mismo sentido que él.
No quieres.
Entonces viene la estrofa aquélla de que si no puedes con tu enemigo intenta sortearlo buenamente puedas para que, en la medida que te sea posible, te moleste lo más mínimo.

Y te enciendes otro cigarro. Ya no porque te apetezca fumar sino para echar el humo en la dirección que te salga de los cojones.
Por lo menos hasta que te bajes del coche.


2 comentarios:

dijo...

Siempre hay algún/a gilipollas que termina arruinándote el día.

d2 dijo...

gracias por el rato, he disfrutado leyéndote.