
Siempre pensaba que nunca llegaría a los treinta años.
Que desaparecería antes de todo este tinglao que nos tienen montado.
No pensaba, en cambio, que me moriría. Es algo muy extraño, sí.
Tengo treinta y dos .
No me imaginaba yéndome de casa con mi novio de toda la vida, boda por delante.
Ni en cómo sería el momento de despedirme de mis pares.
Al final me fui sola dejando dos meses antes al novio de toda la vida sin despedida melancólica con banda original de fondo.
Recuerdo que cogí ropa y la metí dentro del carro de la compra de mi mare. Llené ese carro hasta los topes con lo cual mi imagen desde arriba debería ser patética haciendo equilibrio con los escalones que me llevaban a mi nueva vida.
Nada es en la puta vida como llegas a pensar que crees que será. Lo imagines o no.
Nunca creí que me tocaría ejercer el papel de madre.
Por mucho que eso, en cambio, sí que me lo imaginara.
Son sensaciones que no tienen cabida en tu cerebro porque hay cositas que sólo puedes sentirlas. Mi hija tiene ya ochos meses.
O dicho de otro modo, soy madre desde hace ocho meses.
Es todo muy (fuerte) extraño, sí.
Siempre pensé que nunca llegaría a los treinta años.
Pero sigo aquí.
Al final va a resultar que soy una más del Resto.
Que desaparecería antes de todo este tinglao que nos tienen montado.
No pensaba, en cambio, que me moriría. Es algo muy extraño, sí.
Tengo treinta y dos .
No me imaginaba yéndome de casa con mi novio de toda la vida, boda por delante.
Ni en cómo sería el momento de despedirme de mis pares.
Al final me fui sola dejando dos meses antes al novio de toda la vida sin despedida melancólica con banda original de fondo.
Recuerdo que cogí ropa y la metí dentro del carro de la compra de mi mare. Llené ese carro hasta los topes con lo cual mi imagen desde arriba debería ser patética haciendo equilibrio con los escalones que me llevaban a mi nueva vida.
Nada es en la puta vida como llegas a pensar que crees que será. Lo imagines o no.
Nunca creí que me tocaría ejercer el papel de madre.
Por mucho que eso, en cambio, sí que me lo imaginara.
Son sensaciones que no tienen cabida en tu cerebro porque hay cositas que sólo puedes sentirlas. Mi hija tiene ya ochos meses.
O dicho de otro modo, soy madre desde hace ocho meses.
Es todo muy (fuerte) extraño, sí.
Siempre pensé que nunca llegaría a los treinta años.
Pero sigo aquí.
Al final va a resultar que soy una más del Resto.
2 comentarios:
Aún acabarás con un contrato indefinido, viendo Intereconomía y votando al pp.
es cuestión de tiempo...
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