martes, abril 6

11. Del verbo Fin


Hoy (ayer) ha sido el cumpleaños de mi amiga Bea.

A Bea la conocí con cuatro años.
Fuimos juntas en la EGB, seguimos en F.P. y acabamos en la Academia.
Digo acabamos porque fue el último año que estuvimos juntas.
Trasladaron a su familia a Salamanca cuando cumplimos los ansiados dieciocho.
Dos años después su padre murió de un infarto. Treinta y nueve años.

La guapa de la clase siempre será la guapa de la clase por mucho que en séptimo su cara se asemeje a una castaña. Ya es por inercia supongo. Date fama y ponte a sobarla que ya da igual lo que hagas. Dicen.
Cuando se coloca la banda esa de Mi mejor amiga ya es para toda la vida. No puedes ir por ahí cambiando de mejor amiga así como así. No está bien visto.
Lo malo es que después de los dieciocho llegan los treinta y ya te la trae floja qué está o no bien visto en esta vida.

Mi (mejor) amiga Bea dejó de ser tal allá por los veinte. Si acaso.
Pero hasta los treinta no me había decepcionado.
No pensaba llamarla. Hoy (ayer), digo. Lo tenía meditad(ísim)o.
El destino o mi gilipollez continua total han querido que ni siquiera me acordara. Y es que a veces se toman decisiones que luego no servirán un carajo porque la opción D al final no sale en el examen.
Tócate los huevos.

Me ha jodido acordarme tarde.
Me hubiera gustado haberlo hecho, durante todo el día, recordarlo, digo.
Para no llamarla.

No sé si ya era mala o me estoy haciendo mala con el tiempo.
O era mala y me estoy haciendo más mala todavía.

Lo que sí sé es que voy fumada.

1 comentario:

gilipollasinbala dijo...

¡Reina! que monada de blog
que cielo
¿que, vuelves a ser la misma?
Que pena con lo tranquilos que estabamos
Por favor cuando te fumes un peta no te pongas a escribir que no hay quien entienda nada