miércoles, abril 28

18. ¿Te imaginas...? NO.


Nunca me he imaginado follando con un chino.
Curiosamente al primer chico que besé y del cual estuve enamorada hasta casi ayer le llamaban así. Chino.
Pero los chinos y mi Chino no tienen absolutamente nada que ver. Más que nada porque con éste chino en concreto me he imaginando follando yo cada diez por cincuenta.

Te has fijado en que los chinos nunca pasean un perro?
Yo es que no me fijo en los chinos.

Definitivamente mi mente (a veces) es bastante más inteligente que yo.
Que tampoco es muy difícil, no nos engañemos.

jueves, abril 22

17. Puzzle


El otro día fui a un bar donde los cuadros que lo decoraba eran puzzles.
A los dos días (uno, dos) me compré uno.
Los gilipollas hacemos ese tipo de cosas sin sentido, sí.
El puzzle, mi puzzle, es de 1.000 piezas. En realidad no me había fijado en ese pequeño detalle hasta dos horas después de llegar a casa.
Yo creo, de todos modos, que el señor recuentapiezas de puzzles se olvidó de contar unas ochocientas más o menos. Es imposible que todo eso sean sólo 1.000 piezas.
Una currada esto de los puzzles. Con sus fichas todas distintas y ese rollo. Todas encajando a la perfección. Un rompe cabezas en toda regla, vamos.

9,90.
No sabía que fueran tan baratos. O tan caros. De hecho no sabía qué coño podía costar un puzzle porque en la puta vida había pensado en la palabra puzzle hasta que entré el otro día en aquel bar.
Me pregunto si ya tenían, los de bar, digo, los puzzles hechos y aprovecharon el espacio para saber (por fin) qué hacer con ellos o si, en cambio, hasta que no acabaron los puzzles no pudieron abrir el bar.
Esas reflexiones estúpidas que se hace mi absurda mente cuando decide ir por libre.
Me paso horas muertas delante del jodido puzzle mirando las fichas de los huevos. Pruebo a encajarlas de todas las maneras posibles/distintas habidas y por haber. Me fijo en la forma exacta de la pieza, la visualizo y me paso los siguientes diez minutos buscando el otro lado del espejo. Cuando por fin una me encaja me paso los otros siguientes diez comprobando que, efectivamente, son pareja de hecho y que ya sólo me queda encajar el RESTO.
La vida es como un puzzle. Nos la pasamos intentando encajar las piezas constantemente y cuando por fin lo hacemos no estamos del todo convencidos de si lo estamos haciendo bien.

martes, abril 20

16. ¿Subes?


La gente me sonríe cuando voy con el carro de la niña.
Con la niña dentro, evidentemente.
Si fuera sólo, de solamente, con el carro (sin la niña dentro) (lejos, cerca) también me sonreirían. Pero de otra manera.
Trabajo intentando perfeccionar mi sonrisa de peluquera comercial de mierda casi a diario. Digo casi porque hay días que me importan todos tan poco tanto que ya me cuesta hasta soportarme a mí misma con lo cual lo de no sólo soportar sino agradar al personal se me hace de una cuesta arriba que flipas.
Por eso digo a los demás y me repito una vez tras otra a mí misma que una vez que bajo esos dos escalones que acceden a la pelu no tengo ni que soportar las gilipolleces del resto de la humanidad ni tener, encima, que fingir que me importan lo más mínimo.
Es como si la sonrisa profidén tuviera el derecho de apagarse porque ya ha cumplido sus horas diarias. Hasta mañana.
Y que, encima2, se me respetara ya sería la rehostia.

Desde que soy madre he descubierto dos cosas muy importantes.
La primera es que tu vida te importa casi lo mismo que lo que te importa la del resto de la humanidad mundial. Nada. Tu persona pasa a un segundo quinto plano para que la de tu hijo se ponga en la fila de delante.
La segunda cosa importante que he decubierto son los ascensores del Corte Inglés.
Hasta que no he sido madre no me había planteado nunca cómo subirían a la Planta 6 Sección Moda Joven los que van en silla de ruedas. Supongo que porque no me importaba lo más mínimo dado el significativo hecho de que yo no voy en silla de ruedas.
Hasta que no he sido madre no había caído en la cuenta lo jodido que es ir con un carro por la vida pegado a tu sombra. A (casi) todas horas.

Dicen que un ascensor es un habitáculo donde varias personas se dedican a desconfiarse mutuamente unas de las otras.
Para mí, desde que soy madre, es un inquietante espacio de (mi) tiempo donde otras varias mismas personas se dedican a hacerle gilipolleces a mi hija con el fin de acabar encontrando su sonrisa.
Esa puta manía de querer caer bien a los niños a toda costa.
A mí no me importa que lo hagan. De hecho pueden contarle a la niña la historia de sus vidas si quieren. Pueden, incluso, bailarle la Conga si les apetece. Me da igual.
Sólo (pido) quiero que a mí me dejen en paz.
Es como toda esa gente que siente la obligación de pararse si sus perros deciden olerse el culo el el parque de turno. Y, encima3, tener que mantener una conversación absurda y estúpida pierdetiempos.
Nos pasamos la vida intentando quedar bien con el de enfrente porque es lo que nos han dicho que es lo correcto. No porque queramos.

Ahora vendría de puta madre eso de Paren que yo me bajo.
¿Qué no?

sábado, abril 17

15. Cierra los ojos



Y te miraré la cara, cuando nadie me mire, para estudiar la expresión que tiene tu rostro, analizándola poco a poco.
Me fijaré en la forma y en el color de tus ojos, esos ojos que me devoraban hace no tanto.
Me detendré, poniendo especial atención, en tu boca, para imaginármela sobre la mía. Para hacer mi particular película de lo que, deduzco, debió pasar aquel día.
En cómo de grandes son tus manos, en si me rodearon (o no) el pecho al completo. En qué sentirías al hacerlo.
Y te miraré la cara, cuando nadie me mire, cuando no te des cuenta.

Es jodido, mucho, no poder recordar a qué sabe la Felicidad habiéndola probado.
Más jodido, supongo, es no haberla probado nunca y que sólo te quede el consuelo de intentar imaginártela.



miércoles, abril 14

14. Los Otros



Es como aquéllo de que que vas por la autopista con tu coche, chino chano, a tu rollo, escuchando una canción de ésas que te ponen la piel de gallina, ésas que casi siempre prefieres oír cuando estás solo porque así puedes cantarla a bocajarro, sin temor a quedar como el puto culo si te equivocas en una estrofa mientras tu vergüenza te hace señales de humo o te pega en la frente en MAYÚSCULAS y en negrita la frase de HAS QUEDADO COMO EL PUTO CULO PORQUE VAS DE QUE TE LA SABES Y NO TIENES NI IDEA. GILIPOLLAS.
Con tu cigarro, si fumas, en la mano, echando el jodido humo hacia donde te salga de los cojones sin tener que parecer un retrasado ni nada mientras intentas sortear a la persona que tienes delante para que no le moleste. Colocando tu barbilla de lado a la vez que la inclinas para arriba.
Sólo tú contigo mismo.
Y te das cuenta que te vienen la mayoría de coches de frente. Y, encima, no te das cuenta de repente sino que te llevas dando cuenta desde que recuerdas. Que todos van en otro sentido distinto al tuyo. Y sigues apretando el acelerador, bajando de quinta a cuarta de una manera mecánica mientras tarareas el estribillo justo después de darle una calada al cigarro.
Supongo que esa debería ser la bombillita que se enciende para alertarte de que algo no va bien.
Supongo que deberíamos, si no detenernos, colocarnos en el arcén y plantearnos qué está mal.
Es como aquéllo de que si todos los coches te vienen de frente quizá sea porque eres tú el que va en contra dirección.
Pero siempre pasa uno justo a menos de un palmo del tuyo, en sentido contrario, que luce una pegatina de CAMELA en la luna trasera y mandas la bombilla a tomar por el culo haciéndola añicos.
No sabes si eres tú el que va en el sentido correcto o qué pero lo que está claro es que no puedes ir el el mismo sentido que él.
No quieres.
Entonces viene la estrofa aquélla de que si no puedes con tu enemigo intenta sortearlo buenamente puedas para que, en la medida que te sea posible, te moleste lo más mínimo.

Y te enciendes otro cigarro. Ya no porque te apetezca fumar sino para echar el humo en la dirección que te salga de los cojones.
Por lo menos hasta que te bajes del coche.


sábado, abril 10

13 (Otra vez). Payaso


Se puede poner el Facebook como página principal. Es decir, que sea lo primero que veas cuando enciendas el ordenador.
Habrá gente que lo haga.
Llevo pensando en eso desde el tiempo que lo he descubierto. En que habrá gente (tan GILIPOLLAS) que lo haga.

El pensar eso me ha llevado a aquello otro de entrar en mi Facebook (yo también tengo, por supuesto) y comprobar que la cantidad de gilipollas que rezan como mis amigos siguen ahí todavía, publicando cada mierda que pisan en sus patéticas vidas. Colgando sus últimas fotos de fiesta para que los demás vean (veamos) lo bien que se lo pasan y lo felices que son.
Como si a alguien le interesara lo más mínimo.
Seguro que más de uno de mis amigos tiene la página del Facebook como página principal.

Mi ex no forma parte de mis amigos (tampoco Facebookiales) pero no sé por qué extraño motivo no privatiza su vida (aunque sea) al resto del mundo mundial.
En su última foto mega guay La cuelgo para que vean lo que mola mi vida y lo mega divertido que soy, lleva esas patillas made in Voy de Dandy pero en realidad sólo soy idiota que llevaba allá por los noventa cuando se creía (también) que eran molonas.
Está más gordo y va rapado. Deduzco que al final, efectivamente, se quedó casi calvo.
Me causaban una terrible vergüenza ajena. Las patillas, digo.
Y él también en algunas ocasiones.
Está sentado en una especie de mesa de póquer profesional. Juegan con fichas como en los Casinos pero están en medio de un bar tipo Bar de Pepe en Cornellà.
Tiene la expresión seria, como de interesante, pero sabe perfectamente que la cámara va a disparar una foto.
Siempre he odiado a esa gente que finge que no se da cuenta de que le están haciendo una foto y (encima) posan distraídamente como si el resto no se diera cuenta.
Menudos gilipollas.
Éste, mi ex, es otro gilipollas.
Y míratelo ahí sentado, mirando la mano de cartas que le ha tocado tipo Oceans Eleven o algo así, como si el traje de poli le hubiera salvado de ser un payaso integral.

Hay personas que da igual las vidas que se inventen o los nombres que se prueben. Terminan reiniciando para volver a ser idiotas una y otra vez.


jueves, abril 8

13. Mientras dormías


He leído que nos comemos una media de ocho arañas en toda nuestra vida mientras dormimos.
Lo ponen así, sin más, como si comerse arañas mientras sueñas fuera lo normal.

Me he imaginado las arañas campando anchamente por mi cuerpo. Mientras duermo.
Me las he imaginado llegando hasta mi cuello, subiendo por mi cara y parándose en la comisura de mis labios.
En qué momento la muy traidora de mierda decide adentrarse en mi cuerpo indefenso.
Mientras sueño.
Me tapo la cara con la sábana desde entonces.

Si vivo ochenta años me comeré de media una araña cada diez años.

Qué suerte.

miércoles, abril 7

12. No tocar


Necesito sólo diez segundos para saber si una persona me va a caer bien.
Cinco si me va a caer mal.
Cuando supero ese tiempo es porque la persona que tengo enfrente terminará dándome exactamente igual. Los idiotas es lo que tienen, te hacen perder el tiempo hasta para analizarlos.
Supongo/ deduzco que en tu foro interno todavía (a estas alturas) te cuesta asimilar que pueda haber gente tan sumamente innecesaria en el mundo en el que vivimos. Te llega a sorprender incluso que sigan subsistiendo.
Son totalmente prescindibles. Si desaparecieran no caerías en la cuenta de tan insignificante hecho hasta pasado un tiempo.
Yo, en particular, prefiero caer mal a no caer. Debe ser entre triste y patético ocasionar tanta indiferencia a los que te rodean.
El día que te mueras que se alegren o te lloren.
Pero que hagan algo.

Me molesta que la gente se acerque tanto cuando te habla. No me importa si los conozco desde hace diez minutos o de siete años antes. Me molesta que se acerquen y que traspasen esa línea imaginaria que yo, mediante mis gestos, intento marcarles continuamante.
Hay personas que INCLUSO te agarran intermitentemente del brazo. Es como si tuvieran miedo a que de un momento a otro te vayas a ir por patas y se aseguran el que no lo hagas.
Odio que me llamen cielo porque ya no es que transpasen mi estructurada línea imaginaria sino que se la pasan, directamente, por el forro de los cojones.
La gente se empeña/ esfuerza en ir por ahí cayendo bien como si al final de este juego San Pedro les fuera a dar un premio.
Como se enteren de que después del Game Over ya no hay más pantallas vamos de culo.
No hay malo más malo que un bueno disfrazado.



martes, abril 6

11. Del verbo Fin


Hoy (ayer) ha sido el cumpleaños de mi amiga Bea.

A Bea la conocí con cuatro años.
Fuimos juntas en la EGB, seguimos en F.P. y acabamos en la Academia.
Digo acabamos porque fue el último año que estuvimos juntas.
Trasladaron a su familia a Salamanca cuando cumplimos los ansiados dieciocho.
Dos años después su padre murió de un infarto. Treinta y nueve años.

La guapa de la clase siempre será la guapa de la clase por mucho que en séptimo su cara se asemeje a una castaña. Ya es por inercia supongo. Date fama y ponte a sobarla que ya da igual lo que hagas. Dicen.
Cuando se coloca la banda esa de Mi mejor amiga ya es para toda la vida. No puedes ir por ahí cambiando de mejor amiga así como así. No está bien visto.
Lo malo es que después de los dieciocho llegan los treinta y ya te la trae floja qué está o no bien visto en esta vida.

Mi (mejor) amiga Bea dejó de ser tal allá por los veinte. Si acaso.
Pero hasta los treinta no me había decepcionado.
No pensaba llamarla. Hoy (ayer), digo. Lo tenía meditad(ísim)o.
El destino o mi gilipollez continua total han querido que ni siquiera me acordara. Y es que a veces se toman decisiones que luego no servirán un carajo porque la opción D al final no sale en el examen.
Tócate los huevos.

Me ha jodido acordarme tarde.
Me hubiera gustado haberlo hecho, durante todo el día, recordarlo, digo.
Para no llamarla.

No sé si ya era mala o me estoy haciendo mala con el tiempo.
O era mala y me estoy haciendo más mala todavía.

Lo que sí sé es que voy fumada.

sábado, abril 3

10. Fumo (otra vez)


Vuelvo a fumar porros de forma habitual.
Lo hago por las noches, cuando mi papel de madre ha finiquitado el contrato.
Hasta el día siguiente.
No creo, en cambio, que sea mala madre. Ni me siento como tal.
Quizá sea justamente eso lo que lo ratifica. Precisamente el no sentirme mal es lo que me hace peor (si cabe).
Una vez le comenté a un amigo que la vida sería mucho más fácil yendo fumados a tiempo completo. Porque todo fluye de un modo entre fácil y natural.
Me contestó que quién nos decía a nosotros que lo normal no era ir fumados y que habíamos estado engañados durante años.
No supe qué contestar.
Es lo que tiene ir fumado, que te planteas incógnitas no sólo difíciles de responder sino de comprender también.

Creo que mi hermano mayor está engañando a mi cuñada.
Poniéndole los cuernos, vamos.
Creo, también, que mis pares lo saben.
Pero nadie dice nada al respecto y menos en voz alta.
Hay cosas que parecen no pasar si no se hablan.
Pero es mentira. Sí pasan, por mucho que cerremos los ojos o demos la espalda.
Es extraño pero siempre nos parecen mucho peor las cosas que hace el de enfrente que las tuyas propias. Aunque éstas sean peores.
No nos medimos con la misma regla porque sabemos con total seguridad que vamos a salir perdiendo. Porque, efectivamente, no somos especiales.
Por mucho que nos joda.

Vuelvo a fumar porros de forma asidua.
No sé si está mal ni tampoco si es o no lo normal. Quizá estoy tapándome los ojos con las manos o echando una carrera sin mirar atrás con mi Conciencia.
Pero vuelvo a ser la misma y eso me gusta.
Hacía un tiempo que ya ni siquiera me recordaba.
Y me echaba de menos.
Mucho.

jueves, abril 1

9. Pues yo de mayor...


Siempre pensaba que nunca llegaría a los treinta años.
Que desaparecería antes de todo este tinglao que nos tienen montado.
No pensaba, en cambio, que me moriría. Es algo muy extraño, sí.
Tengo treinta y dos .

No me imaginaba yéndome de casa con mi novio de toda la vida, boda por delante.
Ni en cómo sería el momento de despedirme de mis pares.
Al final me fui sola dejando dos meses antes al novio de toda la vida sin despedida melancólica con banda original de fondo.
Recuerdo que cogí ropa y la metí dentro del carro de la compra de mi mare. Llené ese carro hasta los topes con lo cual mi imagen desde arriba debería ser patética haciendo equilibrio con los escalones que me llevaban a mi nueva vida.
Nada es en la puta vida como llegas a pensar que crees que será. Lo imagines o no.

Nunca creí que me tocaría ejercer el papel de madre.
Por mucho que eso, en cambio, sí que me lo imaginara.
Son sensaciones que no tienen cabida en tu cerebro porque hay cositas que sólo puedes sentirlas. Mi hija tiene ya ochos meses.
O dicho de otro modo, soy madre desde hace ocho meses.
Es todo muy (fuerte) extraño, sí.
Siempre pensé que nunca llegaría a los treinta años.
Pero sigo aquí.

Al final va a resultar que soy una más del Resto.