domingo, marzo 28

7. Mar adentro

La gente te decepciona.
Supongo que la culpa no es de ellos sino nuestra porque esperamos más de lo que realmente nos pueden llegar a dar.

Cuando conocemos a alguien que nos cae medianamente bien tendemos a no sumergirnos en su persona y nos quedamos nadando sólo en su superficie porque realmente todavía no nos ha dado casi tiempo a encontrarle defectos.
Ni queremos hacerlo.
Pasado un tiempo prudencial no sólo disponemos de ese tiempo sino que además queremos perderlo. Y ese es el error que cometemos, el ponernos el traje de buzo para ahondarnos en el mar de sus cualidades cuando lo propio hubiera sido quedarnos en la orilla imaginándonos que las tenían. Sin tener la jodida necesidad de comprobarlo. Porque (casi) siempre las cosas son bastante mejor cuando es nuestra mente la que hace el trabajo.

Seguramente habré decepcionado a mucha gente cuando se adentraron en mi mar en concreto.
Pero me ha sido indiferente.
Primero porque, de haber sido así, nunca me lo dijeron y segundo porque, verdaderamente, me importa un carajo.

Es como aquello de ¿qué prefieres, querer o que te quieran?
Indudablemente, dado mi egoísmo, siempre me quedo con la opción A. Porque queriendo sientes y eso, en definitiva, es lo que la mayoría buscamos.
Sentirnos vivos a cada paso que damos.

La gente te decepciona.
Pero no es culpa de ellos sino nuestra.
Por esperar demasiado.

2 comentarios:

nadie dijo...

¿De qué te quejas? me pregunto yo. Si a ti no te importa decepcionar a los demás, ¿por qué a ellos les iba a importar decepcionarte a ti? Si quieres sacar algo en positivo de conocer a alguien, la cantidad que restas siempre tiene que ser mayor que la cantidad inicial, así el resultado es positivo.
Tarde o temprano hay necesidad de constatar sus cualidades porque si encontramos defectos en los demás los nuestros parecen menos feos. El tema siempre es nosotros. Y lo de que nunca te hayan dicho si les habías decepcionado será palabra de urdaci (no te creo, pero "caci"). Los demás SIEMPRE nos hacen saber cuando están decepcionados (¿tienes a tu madre de vacaciones o qué?, es una forma de hablar, no lo digo de manera personal), otra cosa es que estemos tan ocupados pendientes de nosotros mismos que no nos enteremos. De ahí viene la decepción, de que no prestamos atención a los demás, sólo cuando llegan al estribillo de la canción que es lo pegadizo, lo que nos gusta. Del resto de la letra no nos acordamos porque es el relleno hasta que llega la parte que nos gusta cantar.

Fdo. Un gilipollas cualquiera

PD: Que comentario más bueno el que le han dejado en la entrada anterior. Felicitaciones al artífice.

MOntoya dijo...

No sé en qué estado has leído mi entrada pero no creo que me haya quejado absolutamente de nada.
Tampoco voy por ahí enumerando (ni buscando) los defectos del personal para sentirme más de puta madre conmigo misma porque precisamente si hay alguien que presume precisamente de eso (de defectos) soy yo.

Nunca me han hecho saber que se han decepcionado por un gesto o una acción mía, créeme, si hubiera sido el caso (también) lo habría plasmado aquí. Quizá me he rodeado de gente mega falsa o con mucha carencia de personalidad propia.
No sé.

Te ha quedado de puta madre la metáfora de la canción, estribillo y demás. Muy acorde con esta entrada cargada de metáforas.

Lástima que hayas decidido no dar la cara para darte mis felicitaciones a modo personal bla bla BLA.
Lástima que, también, hayas cometido (queriendo o sin querer) el error de meter a mi progenitora en esto.
Reduce como que BASTANTE el grupo de posibles autores.
Del comentario, digo.

Fdo: Otra gilipollas más.

P.D.: Totalmente de acuerdo con Usted.