sábado, mayo 22

24. El quinto sentido


Dicen que las mujeres tienen seis sentidos y yo voy perdiendo mis comunes cinco por el camino.
A veces me pregunto si en mi vida anterior fui un tío (bastante hijo de puta además) y estoy pagando por mis pecados en esta otra.

Me hago un porro.
La niña llora.
Otra vez.
Creo que es la cuarta vez que se enciende la puta alarma esa que me avisa de que la niña llora. Con su puta cámara incorporada. Para que además de oír cómo se va a tomar por culo mi momento único del día que llevo ansiando desde aproximadamente las siete y pico de la tarde pueda verlo en imágenes también. Por si no me quedaba claro que el espacio vital de mi propio Yo se iba alcantarillas abajo. Toma, ahí lo tienes. Jódete.

Hay un cigarro liado hecho por ESE justo al lado de mi porro cuando regreso por cuarta vez de la habitación de la enana.
Le digo a ESE que le dé unas caladas a uno y me diga cuál de los dos es el porro que YO me he hecho minutos horas antes. Mi sentido del olfato ha pillado temporalmente vacaciones porque mi nariz ha cogido complejo de albergue para mocos.
Mientras me estoy fumando (supuestamente) el porro, mi porro, miro cómo cena él en el sofá y me pregunto si realmente me habrá dicho la verdad.
Y me rallyo.
Otra vez.



miércoles, mayo 19

23. Introspección


Que te caiga mal el de enfrente tiene fácil solución porque, excepto la familia, somos nosotros los que elegimos con quién queremos (o no) compartir un minuto de nuestro valioso tiempo.
Caerte mal a ti mismo ya es más jodido porque o cambias tu manera de ser o aprendes a vivir con tu propio Yo.
Cambiar la forma de ser no es difícil es lo siguiente y yo nunca he sido dada a hacer sobre esfuerzos por aquello de que soy demasiado vaga. Es como perder el tiempo, tu tiempo, en algo que sabes de antemano no te va a llevar a ninguna parte y que si te lleva a algún sitio va a ser a la casilla aquélla de Vuelva a intentarlo.
Con lo cual lo más sencillo es intentar aprender a vivir contigo mismo.
No sé si es lo más fácil pero sí estoy segura de que es bastante menos cansino.

De un tiempo a esta parte me estaba cayendo como el culo a mí misma. Y lo más jodido es que me daba perfecta cuenta de semejante hecho. No hay nada más patético en esta vida que darte cuenta de algo y no pensar siquiera en poner remedio.
Decía la que durante cuatro años fue mi jefa que no somos monedas de oro para gustar a todo el mundo y debíamos asimilar que quizá la culpa no era nuestra pero tampoco del resto.
Llevo meditando seriamente la idea de que quizá, sólo quizá, sea yo la que vaya en contra dirección. Lo jodido no es ir en otra dirección a Los Otros sino no encontrar la señal luminosa aquélla que pone Cambio de sentido.
O comenzar a sopesar la idea de que a lo peor ni siquiera existe.


domingo, mayo 16

22. Me cuesta tanto


Si perdonas olvidas y si no olvidas es porque no has perdonado. No te engañes.
Eso decía yo siempre del jodido refrán aquél que mide el rencor según le demos a la opción A o a la B.
Es mentira.

Desgraciadamente no tenemos un botoncito para apretar (o no) lo que queremos (o no) recordar. En ningún rincón de nuestro cerebro hay una opción de ésas. O por lo menos yo, por más que la he buscado, no la he encontrado.
Desgraciadamente, digo.
Nuestro cerebro es un cabrón. De eso no hay, a estas alturas, ninguna duda.
Es tan cabrón que no sólo no nos da la opción de poder olvidar según qué cosas sino que encima guarda ese documento bajo llave para hacernos saber que en la puta vida va a desaparecer. Que de eso ya se encarga él.
Y muchas veces, en cambio, los momentos felices se los pasa bastante por alto.

Si aplicara mi fantástica teoría al respecto de ésto se diría que entonces no he perdonado. Puesto que no he olvidado.
Quizá.
Y mira que me empeño, en olvidar digo, pero qué va. No puedo.
Y me jode.
Me jode no poder controlar la situación de mi propio yo.
Y me duele.
Y eso me jode aún más.

martes, mayo 11

21. Échate en agua


Me aburro.
Me aburre la gente más bien. Practicamente toda. Se salvan muy pocos y con el tiempo terminan cagándola. Con lo cual lo del practicamente se va a tomar por culo.
La cuestión final es que me aburro. Sea de quien sea la culpa de ello.

Qué pereza todo. La vida, a veces, se hace de una cuesta arriba de la hostia donde sólo (de solamente) el pensar qué hacer de cenar te hace rozar el extremo del suicidio.
O más.
Siempre lo mismo. Cada día. Un día tras otro. Como si siempre te pusieran la misma escena una y otra vez. Llega un momento que ya te importa un cojón y medio ya no sólo cómo termina la peli sino cómo cojones se llamaba.
Siempre los mismos diálogos con idénticos protagonistas y figurantes. Siempre, una y otra vez... y otra más.

Me aburro.
Y casi que prefiero estar enfadada porque no hay nada más aburrido que estar aburrido.
O que te aburran los demás, que para el caso es lo mismo.


martes, mayo 4

20. La mancha




La mancha oscura llevaba allí arriba aproximadamente año y medio. Quizá más.
Justo en una esquina del techo del lavabo. Mi lavabo.
Al principio pensé que era un bicho. De hecho estuve sopesando la idea de que fijo que era un bicho.
No le dije nada a ESE porque pasaba de que me dijera que estoy obsesionada con los bichos (que lo estoy), que los veo por todas partes bla bla BLA.
Por eso me callé y decicí actuar yo sola (de soledad).
Me fijé en qué centrímetro exacto estaba de la baldosa para ir comprobando si la mancha se movía o, por el contrario, se quedaba sólo en mancha y ya está.
Estoy loca y veo bichos por todas partes bla bla BLA.
Lo de siempre.
Año y medio. Sin moverse. Justo en el mismo sitio.

Cada noche antes de irme a la cama hago siempre el mismo ritual: voy al baño, echo la última meada, aprovecho la luz del lavabo para acercarme a ver cómo duerme la enana en su cuarto, le tapo con la sábana las piernas, apago la luz del lavabo, voy a la cocina y me fumo la mitad del porro que seguramente habré reservado para El Ritual.
Con la última calada me voy a la cama y es entonces cuando me siento Dios. O lo siguiente.
En algún momento me quedo dormida.
Hasta las tres de la mañana.
Un bicho de esos extraños sin clasificar todavía se paseaba tímidamente por el suelo del lavabo. Mi lavabo.
PUM. Se acabó. Fin de la partida. Lo he aplastado con el pie, claro.
A los cinco segundos, una vez superado el asco, miro hacia arriba, justo en la esquina, en el centímetro exacto.
No había (mancha) nada.
Me he sentido lo siguiente antes de llegar siquiera a la fase esa del porro.












Bla bla BLA.



domingo, mayo 2

19. PA-TA-TA


Observo a las (Otras) madres y me pregunto si a las tres y media de la mañana estarían despiertas, como yo, dándoles el puto biberón a sus hijos. Y si es así me pregunto (también) por qué cojones tienen esa cara de felicidad constante como si sus vidas fueran la rehostia o algo similar.

Vengo pensando de un tiempo a esta parte que soy más débil de lo que yo sospechaba. Porque soy débil, de eso no hay ninguna duda. Aunque lo disimule del carajo bla bla BLA.
O quizá, puede ser, más egoísta de lo que en un principio creía.

miércoles, abril 28

18. ¿Te imaginas...? NO.


Nunca me he imaginado follando con un chino.
Curiosamente al primer chico que besé y del cual estuve enamorada hasta casi ayer le llamaban así. Chino.
Pero los chinos y mi Chino no tienen absolutamente nada que ver. Más que nada porque con éste chino en concreto me he imaginando follando yo cada diez por cincuenta.

Te has fijado en que los chinos nunca pasean un perro?
Yo es que no me fijo en los chinos.

Definitivamente mi mente (a veces) es bastante más inteligente que yo.
Que tampoco es muy difícil, no nos engañemos.